Helena Cosano: “No soy la misma que era antes de escribir Teresa La Mujer”

La escritora y diplomática presentó el 14 de marzo en el Teatro Muñoz Seca de Madrid su última obra literaria

Helena Cosano, autora de 'Teresa La Mujer' / Foto: A. Merino

Con un Teatro Muñoz Seca abarrotado, en el que tuvo lugar el pasado 14 de marzo la presentación en Madrid de la última obra de Helena Cosano, Teresa La Mujer(La Esfera de los Libros), la escritora y diplomática confesó, ante un expectante y entregado público, que se ha producido en ella una “transformación mística” como consecuencia de escribir este libro y que ya no es la misma que era antes porque Teresa de Jesús “me ha transformado profundamente, a todos nos puede servir de modelo, de guía”, según dijo.

Cosano respondió de ese modo a preguntas de la periodista Paloma Gómez Borrero, quien la acompañó en el acto junto con el diplomático Inocencio Arias, que ejerció de moderador, el historiador Javier Bahamonde y Santiso de Ossorio, el psicoterapeuta Jorge Urrea, y la cantante mística Ahimsa Lara Ribera, que cantó poemas de la santa en distintos momentos de la presentación al calor de la guitarra de José Tena, interpretaciones éstas que pusieron la carne de gallina a buena parte de los asistentes.

Ahimsa Lara
Ahimsa Lara Ribera / Foto: A. Merino

Abrió el acto el productor teatral y anfitrión Enrique Cornejo, que actuó de maestro de ceremonias en una introducción en la que mostró su grata sorpresa por el llenazo del teatro con motivo de una actividad como la presentación de un libro, algo poco frecuente en las salas que habitualmente acogen actos culturales.

Enrique Cornejo
Enrique Cornejo / Foto: A. Merino

Los participantes en el coloquio, en el que a la postre se convirtió el acto, ofrecieron distintas perspectivas de la última obra de Helena Cosano: religiosa, psicológica, histórica y artística, partiendo la mayoría de las intervenciones del lado humano de Teresa de Cepeda y Ahumada, una mujer hermosa, de gran belleza estética, piel clara, ojos grandes, elegante, pizpireta y tan atractiva físicamente que su padre temió por su honra, razón por la que la internó en un convento. Así explicó la escritora a Arias cómo era en realidad Teresa de Jesús desde el punto de vista de la mujer, despejando la duda de si realmente la santa era físicamente bella.

Todos los ponentes
Presentación en el Teatro Muñoz Seca de la novela histórica ‘Teresa La Mujer’ de Helena Cosano / Foto: A. Merino

Inocencio Arias definió ‘Teresa La Mujer’ como “un libro muy bien escrito”; Bahamonde estableció comparaciones entre el conjunto escultórico de Bernini conocido como Transverberación de Santa Teresa (sito en la Capilla Cornaro de la Basílica Santa Maria della Vittoria de Roma) con “todas las artes literarias de las que participa el libro”, del que resaltó la modernidad de Teresa de Ávila que la obra pone de manifiesto; Urrea profundizó en aspectos psicológicos y el misticismo de la santa que tan bien describe el libro y Gómez Borrero destacó la figura de Teresa como una de las más grandes escritoras de todos los tiempos, enfoque desde el que pidió a Cosano que le desgranara qué parte de la obra se correspondía con la vida real de Santa Teresa de Jesús y cuál podría responder a una interpretación o una historia imaginada.

Javier Bahamonde
Javier Bahamonde / Foto: A. Merino
Jorge Urrea
Jorge Urrea / Foto: A. Merino

Helena Cosano sació incluso la curiosidad de Paloma aclarando que la mujer de la portada del libro es María Magdalena, muy admirada por Santa Teresa, y simboliza la “Teresa de carne y hueso, santa, pura, mujer”, porque tanto la autora como la editorial quisieron “huir de la imagen de la monja austera”, mientras que el castillo que asimismo figura en dicha portada representa “Las Moradas” del alma o el castillo interior de Teresa de Ávila.

Paloma Gómez Borrero e Inocencio Arias
Paloma Gómez Borrero e Inocencio Arias / Foto: A. Merino
‘Teresa. La mujer’, un original enfoque de cómo pensó y sintió Teresa de Jesús

“Teresa. La mujer”  nos presenta de manera original e inédita cómo fue realmente Teresa de Cepeda y Ahumada, la mujer de carne y hueso, con sus virtudes pero también sus flaquezas, sus dudas y sus errores.

Síntesis del V Centenario

Con ocasión del quinto centenario del nacimiento de Teresa de Jesús se han publicado numerosas obras sobre ella, biografías al uso, estudios académicos, novelas históricas que ahondan sobre uno u otro aspecto de su vida, la confrontación con la Inquisición o su trato con personajes poderosos de la época. En cambio, este libro pretende ser una síntesis del conjunto de su existencia, como si la propia santa mirara atrás justo antes de morir y resumiera lo vivido y lo aprendido, y lo reinterpretara, atreviéndose a confesar lo que nunca antes pudo decir.

Originalidad del enfoque

Al imaginarla a las puertas de la muerte, Teresa es libre del todo, no necesita calcular el impacto ni las consecuencias de sus palabras, no tiene ya que temer el qué dirán, ni a sus superiores, ni a la Inquisición. Más que una autobiografía ficticia, esta novela se presenta como unas confesiones, una forma de testamento espiritual, y nos desvela a la mujer de carne y hueso, a menudo oculta tras su inmensa obra y malinterpretada o manipulada por la Historia.

Así presenta la autora la novela:

Teresa. La mujer” no pretende ser una nueva biografía de la Madre Teresa de Jesús. Sobre ella, que nació hace quinientos años, se han escrito millones de páginas, y la obra de la propia santa es tan clara, precisa y extensa, que parece superfluo reescribirla. Nadie mejor que ella misma para describir sus éxtasis, esas “mercedes” que le concedía el Señor, ni contar la aventura inaudita en su época de una reforma de tal envergadura llevada a cabo por una mujer.

Pero el brillo de la monja mística y de la escritora y fundadora de conventos a menudo nos esconde a la persona de carne y hueso, con sus obvias virtudes pero también sus flaquezas, sus dudas, sus errores. Sobre Teresa de Jesús se ha escrito tanto que todos creen conocerla, pero pocas mujeres han tan sido víctimas de la historia como ella. Su figura se ha convertido en un personaje manipulado por el poder para servir distintas ideologías, interpretado, reinterpretado, malentendido, a veces incluso falsificado.

¿Cómo era realmente Teresa de Cepeda y Ahumada? ¿Cómo pensaba, cómo sentía? Esta novela pretende responder a esa pregunta.

Según sus muchos biógrafos, se deduce que nunca fue como las demás, que ya en su infancia destacaba, que era distinta, especial, viva, inteligente, alegre, carismática, que nunca pasó desapercibida ni dejó indiferente a nadie y que, sin ser excesivamente hermosa, atraía enormemente.

Decidió servir a Dios. En gran parte, porque era mujer y buscaba libertad. Tal vez, en otra época, hubiera decidido curar leprosos en Calcuta, investigar la radioactividad, escribir una gran novela o dirigir una ONG o una poderosa multinacional: porque Teresa parecía capaz de todo y fue maestra de muchos oficios, y con una voluntad y una determinación como la suya, nada es imposible si se acepta pagar el precio. Teresa aceptó, y pagó caro. Eligió lo más difícil: servir a Dios, un Dios esquivo, cuyas mercedes imprevisibles y en apariencia caprichosas había que merecer, y aunque esto implicara penitencias sin fin o enfrentarse a todas las fuerzas de la tierra y del infierno. Teresa se entregó a Él como muy pocos lo habían conseguido hasta entonces, y se vio recompensada.

A los cuarenta años, la vida de Teresa da un vuelco. Es entonces cuando se produce su “conversión”. Adquiere la certeza de que tiene una misión, un encargo divino que justifica su existencia aquí, que sin ella no tendría sentido ni valor. Y entonces, su vida se acelera, no sólo los progresos espirituales, sino también su obra en el mundo material.  Numerosos viajes, encuentros decisivos como los mantenidos con San Juan de la Cruz o el Padre Gracián, personas que se cruzan en su vida para ayudarla en su misión, como si la Providencia de Dios le echara una mano, y obstáculos y tentaciones probablemente urdidos por el demonio. Una mujer tan poco convencional no podía dejar indiferente: provocaba admiración e incluso veneración, su fuerza convencía, arrastraba, muchos ya en vida la consideraban santa. Pero también despertaba escepticismo, estupor, irritación, envidia, abierta hostilidad, incluso odio.

Helena Cosano firmando libros
Helena Cosano firmando un ejemplar de ‘Teresa La Mujer’ tras la presentación del libro en Madrid el 14 de marzo / Foto: A. Merino

Fue una mujer sorprendentemente moderna, incluso las feministas más radicales la habrían aplaudido. Como toda mujer del siglo XVI, a pesar de ser lo que el siglo XIX definiría como “un genio”, ella es consciente de su “inferioridad” con respecto al varón, y se esfuerza por cultivar la humildad y la obediencia. Pero es una mujer poderosa que anhela libertad, con capacidad de mando, de disciplinarse a sí misma y a los demás. Encarna los valores de voluntad, fuerza, inteligencia, determinación, iniciativa, actividad, independencia, creatividad, que, tradicionalmente, se han asociado a la virilidad. Es, en cierta forma, una mujer moderna de hoy en día inmersa en una época en que sólo los hombres podían aspirar al poder y que, sin embargo, consigue poder. Una forma nueva de poder.

Pero Teresa de Jesús nunca fue plenamente libre. Despreciaba los usos y las convenciones del mundo, la complicación y la suprema hipocresía de los tratamientos de su época, las rígidas jerarquías sociales, la inmoralidad de tantos valores. Pero sus numerosas cartas nos demuestran sin embargo que, a pesar de despreciarlos, los observaba a la perfección. No era libre. Nunca lo fue del todo, aunque gozase de una inmensa libertad interior y aunque hacia fuera lograra ser activa e imponer sus ideales. Si hubiera sido libre, libre de verdad, entonces tal vez hubiera escrito de otra manera.

Esta novela la imagina libre del todo. Libre, sin temor al qué dirán, a sus directores espirituales, a la Inquisición, libre como un alma desencarnada, como sólo se puede ser cuando ya no se espera nada de nadie y quedan muy pocas horas de vida. ¿Qué nos diría una madre Teresa anciana y enferma, si aún tuviera todas sus facultades y suficiente fuerza para sostener una pluma y escribir, si supiera que ya no tiene nada que temer, ni a los poderosos, ni a sus hermanas e hijas, ni a sus amigos y aliados, ni a sus más terribles enemigos? ¿Qué escribiría si supiera que su alma está a punto de reunirse con su Señor, qué testamento nos legaría?

Quiero imaginar que nos contaría aquello que no escribió en sus obras por mandato de sus directores espirituales, aquello que siempre calló, aquello que sólo pudo confesar a Dios. Contaría lo secreto y lo prohibido. Nos daría consejos, nos hablaría del Bien y del Mal, de lo humano pero sobre todo lo divino, de aquello que le preocupó durante su vida. Nos hablaría de ángeles y demonios, del sufrimiento del cuerpo o de cómo hallar la felicidad, del milagro de la fe y del amor. Nos hablaría, sobre todo, de su Dios.

LA AUTORA

Helena Cosano es escritora, diplomática y traductora literaria. Nació en Nueva Delhi (India) y pasó allí los primeros años de su vida. Su infancia transcurrió a continuación entre Moscú y París, donde se escolarizó en Primaria y empezó a escribir cuentos a una temprana edad.

Fue laureada por el Gobierno francés con el primer premio de literatura española en el Concurso Général des Lycées (1994). En su etapa universitaria, cursó estudios de Filosofía, Psicología, Derecho y Filología Rusa en París, Viena, Madrid y Moscú́, así́ como en la Escuela Nacional de Administración (ENA, Estrasburgo).

A finales de 2004 aprobó los exámenes de ingreso a la Carrera Diplomática y unos meses más tarde publicó su primera novela, Tres reencuentros y nueve días de amor teórico, seguida por un libro de cuentos, Mariposas. Durante unos años compaginó su actividad como escritora con la de diplomática, con destinos como Astana y Ginebra.

Sus obras más recientes son Cándida diplomática (2011), Almas brujas (Premio Rubén Darío 2014) y El viento de Viena (2015), que ha sido galardonada con el Premio Internacional de Literatura Agua y Viento de Buitrago del Lozoya.

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