El trío belga Aérokorda, el mejor entre los finalistas de Folkarria

Por parejas y en grupo, así, sin parar de bailar, se fueron siguiendo por parte del público las distintas actuaciones programadas en esta nueva edición de Folkarria, la tercera que hizo de Valdemorillo durante todo un fin de semana, este del 13 al 15 de abril, el referente del bal folk a nivel europeo, para elevar sus múltiples acentos en sus pasos más diversos.

Porque hasta esta villa retornaron los seguidores de este estilo musical, especialmente ligado a tradiciones y usos de los distintos pueblos. Valses, mazurcas, polcas y, por supuesto, jotas,… y así toda una relación de danzas que se busca y se quiere recuperar a través de este festival, poniendo el foco en la valor integrador de la música y del propio baile, toda una experiencia que viene a sumarse  como otro buen motivo para conocer y disfrutar de esta población, para hacer sonar su nombre y atraer al posible visitante, aspecto por el que la Concejalía de Desarrollo Local presta su respaldo y colaboración al evento.

Una cita que, además de la sucesión de talleres y conciertos, se selló con su apartado de concurso, llevando a escena a los tres finalistas, el Dúo Rodríguez Franceschini, Monsieur Fruits y Aérokorda, la joven banda belga que finalmente se hizo con el premio.

Y es que el violín de Pavel, ya conocido por su etapa en Les Botines Arstistiques, dúo con el que igualmente se proclamó ganador en otra de las convocatorias, hade dos años, volvió a entusiasmar, ahora compartiendo ritmos y derrochando influencias celtas y eslavas juntos a sus nuevos compañeros, Adriaan, con la guitarra y Davy entre flautas irlandesas y mandolina. Fue en el concierto que el jurado de esta edición puntuó como el mejor entre los tres que pusieron en jaque el esperado reconocimiento.

Y si el nombre de Aérokorda como ganador en este 2018 puso el último apelativo a Folkarria en esta buena cita con mucho y muy variado de lo mejor en el repertorio folk del continente, previamente se fueron sucediendo los conciertos que llevaron polkas, valses, mazurcas y tantos otros bailes a un Pabellón Municipal de Fiestas que no paró de acoger la actividad programada, sirviendo también de aula para iniciarse o, en su caso, mejorar la técnica a la hora de manejarse ya en las danzas castellanas, ya en el propio bal folk.

Y también talleres de violín, espacios para creatividad de los más peques, puestos de artesanías y, como gran novedad, el otro concierto, el que llevó el ‘groovy world jazz’ de otra banda belga, los B-Road Bastards a repetir, porque si ellos iniciaron compases en la apertura del festival, fueron también los encargados de marcar los ritmos a pie de calle en la sesión vermú que llevó la esencia de Folkarria, o sea, la tradición hecha pura música para ser danzada, a pleno corazón urbano, a la Plaza de la Constitución, convirtiéndola a la hora del aperitivo del sábado 14 en nueva sala de baile.

Y entre los asistentes, los nombres conocidos de quienes, como Rozalén, se dejaron ver, disfrutando y participando activamente, en ésta y otras sesiones de este Folkarria por el que igualmente pasó Álvaro, bajista de los Vetusta Morla y la actriz Ana Arias, entre otros. Y es que compartiendo el momento con los más habituales del festival, que trajo una vez más afluencia de públicos procedentes de puntos bien diversos, tanto de la geografía nacional como de otros países, mostró interés por sumarse hasta el más veterano de los folcloristas españoles, Ismael Peña, de la Banda del Mirlitón.

El folk, en definitiva, como leguaje para ser bailado e interpretado por todos, como elemento integrador, de encuentro, dimensión por la que, un año más, la Concejalía de Desarrollo Local prestó su colaboración para la celebración de este evento. Porque el Ayuntamiento, además del Pabellón como escenario central de todo el programa, facilitó el Polideportivo Eras Cerradas para dar hospedaje a un buen número de los asistentes, y, sobre todo, quiso apostar por hacer de esta cita un motivo más por el que Valdemorillo cuenta, en este caso como espacio de referencia desde el que contribuir a recuperar danzas y música de las que tienen sus raíces en los distintos pueblos, formando parte de su identidad.

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