Valdemorillo, tras los pasos de su Semana Santa, estela de tradición alzada sobre el esfuerzo del costalero y el penitente silencio

Ni la lluvia aguó la celebración. Valdemorillo supo volver tras sus pasos, el del Nazareno llevando la Cruz, el de la Soledad bajo su palio, los del Resucitado y la Virgen en el encuentro arropado por las decenas de vecinos que acompañaron unas y otras procesiones. Porque si la Semana Santa comenzó a procesionar de un modo que poco precedentes tiene, siguiéndose las catorce estaciones del Vía Crucis por el propio interior del templo de Nuestra Señora de la Asunción, sin dejar de mecerse, de bailarse la talla, alzada, aún en ausencia del esperado desfile, a hombros del esfuerzo de cerca de una veintena de costaleros, no iban a faltar los otros instantes, los momentos del Sábado de Gloria en el que esta vez sí, la Soledad marchó por calle y plazas seguida por autoridades, cofrades y  demás vecinos. Y es que todos por igual, desde la Alcaldesa a los demás miembros de la corporación presentes en estos actos y el resto de asistentes, revivieron las escenas más típicas de este paréntesis festivo.

Con el constante eco de tambores y cornetas elevando las partituras una vez más interpretadas con acierto por los músicos de la Banda de la Tenería, protagonista a la hora de poner el son y marcar el ritmo, en contraste con el anónimo silencio que encarna la figura del penitente, y sumando la permanente atención de los miembros de las dos Hermandades, la de la Esclavitud del Santísimo Sacramento y la Esperanza, que unen esfuerzos y voluntad para asegurar que esté siempre todo a punto a la hora de honrar la Pasión. Sobre estas ‘andas’, premisas destacadas, se cifró la intensidad de las tres jornadas en las que este pueblo echa a andar, literalmente, siguiendo pura estela de tradición.

Una realidad a la que presta su apoyo el Ayuntamiento, en su intento por garantizar la seguridad y restantes aspectos que permiten el normal trascurrir de los diferentes desfiles. Una disposición que incluso el párroco quiso agradecer públicamente, al colaborar para fechas tan señaladas se vivan con la emoción que ha de presidirlas, reportando una vibrante estampa que gusta, tanto a los locales como a quienes se animen a descubrir en estas fechas el municipio, un pueblo que entre las muchas imágenes de estos días supo ser espacio para la saeta, tiempo de sonoros redobles de tambor y toques de corneta y de los instrumentos acompañantes que resonaron de modo tan especial en la iglesia, un Valdemorillo, en suma, que sabe ser escenario para el coraje de los hombres que portaron el paso de la tradición elevándolo a cada levantá y en ese movimiento coordinado que avivar sentimientos, y también para el empuje de las mujeres guiando su parte dentro la doble y simbólica comitiva que despide la Pascua. Sí, sonora, cercana, vistosa, propia del lugar y sobre todos, obra de sus gentes. Esta fue y es la Semana Santa de Valdemorillo.

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