«Confusion» de Viktorija Pilatovic

La belleza simple y compleja del mejor jazz

Viktorija Pilatovic

“Confusión entre los recuerdos del pasado y los sueños del futuro. Perdida en la realidad. Recreando, reconfigurando mi cabeza, aprendiendo a ser de nuevo…”

Estas palabras son la confesión en la intimidad que se hace la lituana Viktorija Pilatovic ante la inminente aparición de su tercer disco, “Confusion”, un copioso manantial de melodías de jazz concebidas a partir de un sinfín de influencias sonoras que esta aplicada amante del jazz contemporáneo va tejiendo con la sabiduría de quieres están tocados por el talento para el swing.

“Confusion” es un disco en tiempo presente, repleto de canciones muy personales con letras tremendamente poéticas que van creando las historias. Es, a la vez, un disco simple y complejo.

Simple porque su lenguaje es el de jazz eterno, con el valor añadido de unos desarrollos musicales que, al separarse del arreglo inicial, van dibujando ondas de extrema belleza que brillan en la rica orquestación de acompañamiento proporcionada por su grupo de siempre -Alberto Palau en los piano y teclados, Ales Cesarini, bajo eléctrico y contrabajo, y Mariano Steimberg, batería y percusión.

Complejo porque los temas de “Confusion” aceptan el reto que propone su creadora, discurriendo por tiempos arriesgados, armonías nada complacientes y solos en los que el riesgo se mide por la cantidad de emociones que puede despertar la más elaborada combinación de notas musicales.

El saxofonista Perico Sambeat arregló “Confusion”, tema que da título al álbum, para una Big Band y luego Alberto Palau lo adapto para diez músicos con el complemento de un memorable elenco de colaboradores: el saxo tenor de Javier Vercher, las guitarras del valenciano Iván Cebrián o ese grupo de vientos formado por Pepe Zaragoza y Fede Crespo en la trompetas, Latino Blanco y su saxo barítono o el trombón de Tony Belenguer.

Y luego está la voz de Viktorija: firme, segura, expresiva, dando la medida exacta –ni más, ni menos- de pasiones concentradas en su manera de cantar y en su forma de componer, tan sabias y distinguidas. Una voz que se desliza como una avezada surfista por las olas melódicas del tema, arreglado para once músicos, que guía con mano sensual esa fenomenal sátira sobre el amor que es Hungry Eyes; embridando la trepidante We were not born yesterday, trazando arabescos de scat en la misteriosa Patience (ahora Techno Party), luciendo deliciosa y romántica en la “old fashioned” Time o dulcemente evocadora en My Blues; aportando enormes dosis de delicadeza y melancolía a la fascinante Movie, dibujanto bordes afilados y cumbres escarpadas en una canción de amantes sin esperanza como The Only Light, para cerrar el disco con otra maravilla que nos muestra que el arte como cantante de Viktorija Pilatovic no tiene límites y que lo que es el fin de algo parece señalar el principio de otra cosa: One.

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