Preocupante mortalidad de encinas durante el verano

Durante la época estival ha ocurrido algo absolutamente inusual: miles de encinas sanas han colapsado como consecuencia directa de la sequía y del calor, efectos del cambio climático en nuestro país

El Pardo / Foto: ONG Reforesta

La encina es un árbol siempre verde, de hoja perenne, muy resistente a la sequía. Al contrario de otras especies, aguanta y aguanta el calor del verano hasta que llegan las lluvias. Sin embargo, este año muchas encinas no han resistido los duros meses de verano y se han secado. El resultado se puede ver en nuestros montes, donde han aparecido muchas manchas marrones dibujadas por estos árboles secos. Es posible que algunas rebroten si, a pesar de su aspecto, no están totalmente muertas, pero se prevé que la mayoría no lo haga.

Las encinas y los alcornoques de la mitad sur de España están muy afectados por el proceso de decaimiento conocido como ‘la seca’, que puede llegar a provocar la muerte de los árboles. Es un proceso paulatino, consecuencia del calentamiento global, que hace a los árboles mucho más vulnerables al ataque de parásitos autóctonos y alóctonos. Sin embargo, este verano miles de encinas sanas han colapsado no a causa de ‘la seca’, sino como consecuencia directa de la sequía y del calor.

Las desfavorables circunstancias climáticas han provocado también que muchos fresnos y robles melojos hayan secado sus hojas. Estos árboles de hoja caduca ponen en práctica esta estrategia al final de los estíos secos y calurosos, pero este verano el fenómeno se ha dado desde mediados de julio.

Consecuencias del cambio climático

El encadenamiento de sequías y años secos (2015, 2017 y, especialmente, 2019) es responsable de esta mortalidad. Ha afectado especialmente a árboles jóvenes que crecen en densidades elevadas en zonas muy expuestas al sol y al viento y con suelos pobres. Son especialmente vulnerables los montes que en su día fueron talados y carboneados. Tras el cese de esas prácticas los árboles comenzaron a crecer muy juntos, compitiendo por el agua y los nutrientes del suelo. Esto ha limitado su propio desarrollo y fortalecimiento. Episodios así ya se dieron en sequías anteriores, como la de 2003 – 2004 y 2012, pero no con esta magnitud.

Todo hace presagiar que estos episodios serán cada vez más frecuentes. El cambio climático está comenzando ya a cambiar el paisaje ibérico. Nuestro suelo cada vez será menos capaz de soportar bosques densos e iremos viendo como en muchos lugares se van aclarando dando lugar a un paisaje más parecido a la sabana africana.

Gestión forestal para lograr árboles y bosques más resistentes

Es necesario invertir recursos en la gestión de nuestros montes y realizar una gestión forestal que consiga menos árboles, pero más resistentes y sanos, capaces de producir más semilla. Esto implica disminuir la densidad de árboles en las áreas con peores condiciones y procurar la conversión de monte bajo a monte alto, es decir, manejar las encinas para que den un solo tronco fuerte y crezcan en altura en lugar de crecer achaparradas.

La sombra que dan los árboles es esencial para mantener más tiempo la humedad del suelo. Además, es mejor la que da una copa grande de un solo árbol que la que dan las copas pequeñas de varios troncos o árboles de la misma especie que crecen muy juntos. El ganado adecuadamente  pastoreado puede ser una ayuda eficaz para controlar los rebrotes a ras de suelo.

Asimismo, es muy necesario diversificar la composición de especies, teniendo en cuenta que los bosques biodiversos son más resilientes. En este sentido, debemos potenciar las especies de árboles y arbustos autóctonas, pero manteniendo densidades adecuadas a la disponibilidad de agua y de nutrientes del suelo.

Riesgo de incendios y freno a la recuperación natural

En la Comunida de Madrid, por ejemplo, la muerte generalizada de encinas ha perjudicado notablemente el proceso de recuperación natural de la vegetación que se estaba dando en el entorno de Navas del Rey y de Pelayos de la Presa (Madrid), una zona de alto valor ecológico, integrada en la Red Natura 2000 de la UE, incendiada en 2003. Allí las jóvenes encinas se han secado masivamente.

En el caso de los lugares afectados por mortalidad elevada de encinas el escenario más probable a corto plazo es que estos árboles sean sustituidos por arbustos o, en algunas zonas, por árboles aún más resistentes, como el enebro. La presencia de muchos árboles secos incrementa la combustibilidad de los montes, lo cual favorece que, en caso de incendio, el fuego se propague con más rapidez e intensidad.

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