La violencia sexual contra las mujeres como problema de salud pública

La violencia sexual hacia las mujeres es un tipo de violencia de género recogida en la Ley Regional Ley 5/2005, de 20 de diciembre, Integral contra la Violencia de Género de la Comunidad de Madrid, según informan desde la Dirección General de Salud Pública, que ha difundido ayer un comunicado cuyo contenido reproducimos a continuacuón.

La Organización Mundial de la Salud en el año 2002 definió la violencia sexual como “Todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”. Este tipo de violencia constituye una grave violación de los derechos humanos, de los derechos sexuales y reproductivos y por supuesto, un delito penal.

La violencia sexual sobre las mujeres puede ser ejercida tanto por la pareja como por una persona del entorno próximo (lo más común) así como por desconocidos. Entre el 80 y 90% de los casos, lejos de lo que se suele pensar, el agresor es una persona conocida por la víctima.

Los actos de violencia sexual contra las mujeres pueden ser muy variados y van desde la agresión sexual (siendo la violación su máxima expresión), hasta el acoso sexual o el abuso. En los últimos años estamos asistiendo a un incremento de este tipo de violencia a través de las llamadas tecnologías de la información y la comunicación (internet, teléfonos u otros dispositivos móviles…), especialmente entre las adolescentes y las mujeres más jóvenes. Prácticas como el “grooming” o “seducción” ( ganarse la confianza de una menor a través de internet con el fin de obtener concesiones sexuales), el “sexting” sin consentimiento  (reenvío a otras personas de imágenes de contenido  sexual a través del móvil o internet por alguien de confianza de la mujer) o la  “sextorsión” (chantaje con imágenes o videos de contenido sexual para obtener de la víctima beneficios sexuales) son cada vez más frecuentes, teniendo consecuencias devastadoras en la vida y el desarrollo personal de las mujeres que las sufren.

En importante reseñar que las consecuencias de la violencia sexual sobre la salud de las mujeres son especialmente graves, pudiendo ser inmediatas o más a largo plazo, incluso muchos años después de haberla sufrido, afectando a todas las dimensiones de la vida. A nivel físico pueden manifestarse de formas muy variadas. Así, en un primer momento puede haber lesiones genitales o en otras partes del cuerpo, embarazos no deseados, infecciones de trasmisión sexual, discapacidades e incluso la muerte de la mujer. A más largo plazo puede presentar problemas crónicos de salud, alteraciones en la esfera sexual (disminución del deseo, alteraciones menstruales, infecciones de transmisión sexual, o dolor pélvico crónico, entre otras). A nivel psicológico, los trastornos más frecuentes son los estados de ansiedad o estrés, el síndrome post-traumático, la pérdida de la confianza en sí misma, la baja autoestima y las depresiones, que en ocasiones pueden llegar al suicidio. Por último, tampoco hay que olvidar las consecuencias sociales que se pueden producir, tales como la estigmatización, el aislamiento o el rechazo social.

Para la prevención de este grave problema es fundamental el compromiso y la responsabilidad de toda la sociedad, de forma que puedan impulsarse cambios que logren la igualdad real entre hombres y mujeres. Es imprescindible que las personas adultas nos comprometamos a desarrollar modelos de educación con nuestros hijos e hijas basados en valores igualitarios ya desde la infancia y la adolescencia. Durante estas etapas de la vida es fundamental trabajar las actitudes de equidad y respeto para que las relaciones afectivas que establezcan en el presente y en el futuro sean positivas y saludables, es decir, basadas en la buena comunicación, la confianza mutua, la honestidad y la igualdad.

En un estudio realizado en 2018 por la Delegación de Gobierno para la Violencia de Género mediante entrevistas a una muestra representativa del conjunto del estado (2.465 personas de 16 y más años), “el 93,6% de la población está de acuerdo con la necesidad de educar a hombres y mujeres en el consentimiento sexual como forma de prevenir las agresiones sexuales frente a un 3,5% que se muestra en desacuerdo”, y la mayoría considera que esta educación debe recibirse antes de los 16 años.

En este mismo estudio, un 77% de las personas entrevistadas destacan que para prevenir la violencia sexual hay que educar a los hombres para que no agredan sexualmente a las mujeres, frente a un 14% que considera que hay que “enseñar a las mujeres a evitar situaciones de riesgo”. Casi un tercio de las personas entrevistadas elige como mejor opción preventiva las campañas de sen­sibilización contra las agresiones sexuales, mientras que para el 28,4% es la educación afectivo-sexual.

En base a estos datos sería conveniente revisar las propias actitudes y comportamientos a la hora de posicionarse frente a la violencia sexual hacia mujeres y las niñas. Dar credibilidad a las mujeres, valorar y respetar sus decisiones, opiniones y preferencias, y condenar y denunciar todos los comportamientos y actitudes machistas presentes en nuestra sociedad, así como poner en valor los modelos de chicos y hombres adultos respetuosos con las chicas y las mujeres. Además, tanto familias como educadores han de implicarse en el fomento del uso seguro y responsable de móviles, ordenadores, tabletas e internet por parte de chicos y chicas. Hablar con ellos y con ellas, sobre todo cuando son jóvenes, sobre su seguridad a la hora de utilizar estas tecnologías tendría que ser una prioridad, ya que tienen dificultades para reconocer las situaciones peligrosas o problemáticas a las que pueden exponerse.

El sistema sanitario está considerado como un lugar privilegiado para la detección precoz y atención de este tipo de violencias. También desarrolla un papel fundamental en el área de la prevención del problema a través del fomento de relaciones sanas y saludables.

Por último recordar que en la Comunidad de Madrid existe un recurso especializado para la atención a mujeres víctimas de violencia sexual:

  • CIMASCAM. Centro especializado de atención integral a las mujeres víctimas de violencia sexual (atención psicológica, legal y social). Atención a mujeres mayores de 17 años. madrid.org

O a través del servicio del Teléfono 012-mujer de la Comunidad de Madrid

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