De los errores se aprende

Carlos Machado

La espiral de crisis económica por causa de coronavirus, está generando una gran tensión política a nivel mundial. En estos momentos, desde la Segunda Guerra Mundial, esta pandemia es el mayor reto al que los representantes de todos los países se tendrán que enfrentar. De hecho, ya se están enfrentando. Según el Fondo Monetario Internacional, las medidas para combatirlo causarán la peor recesión económica desde la Gran Depresión. Una buena medida inmediata sería crear organizaciones para promover la gobernanza económica mundial, la paz y la seguridad mundial, que fuesen amortiguando la situación.

No se trata sólo del cierre de fronteras y las críticas que intercambian potencias como Estados Unidos y China. Hay, además, una evidente falta de coordinación política global ante el avance del virus, por que como bien apunta el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, “Es obvio que nos falta el liderazgo que solo puede ser posible, si las potencias mundiales clave son capaces de aproximarse, adoptar una estrategia común y luego reunir a toda la comunidad internacional”. También Josep Borrell, Representante para Política Exterior en la ONU, pedía voluntad política para actuar contra el autoritarismo que está emergiendo con el CORONAVIRUS. La actual crisis es una oportunidad única para revitalizar la agenda de paz y seguridad en los términos de prevenir los conflictos, construir la paz y fortalecerla, demostrando el valor de la cooperación multilateral. Ahora son los políticos a nivel mundial quienes tienen que ir dando los pasos.

Pero pensemos en las consecuencias, aunque todavía sea pronto para saber exactamente cuáles, porque cuanto más dure la crisis, mayor será el daño económico y social. Los analistas pueden tardar años e incluso décadas en explicar todas las implicaciones de lo que estamos viviendo estos días. Lo paradójico, o no, es que este virus explota las características de la vida que nosotros mismos nos hemos dado. Sobrepoblación, turismo masivo, urbes inmensas, viajes aéreos constantes, cadenas de suministros a miles de kilómetros y una extrema desigualdad en el reparto de la riqueza, los sistemas de salud públicos…

Los expertos vinculan esto con el vacío que ha dejado EE.UU. en el tablero internacional en los últimos años, sobre todo durante la presidencia de Donald Trump. Trump llegó al poder con la promesa de poner a «América primero» ante los asuntos globales, un eslogan que ya usó en la campaña de 1920 su antecesor Warren Harding: «regresar a la normalidad» tras la Primera Guerra Mundial. Ese enfoque nacionalista y unilateral va a contramano del papel de líder global que EE.UU. asumió desde la Segunda Guerra Mundial, al construir instituciones como la propia ONU, lograr acuerdos como el de Bretton Woods o ayudar a reconstruir Europa con el Plan Marshall. Para Ian Goldin, profesor de Globalización y Desarrollo en la Universidad de Oxford, es importantísimo saber, quién ocupará el espacio cedido por EE.UU. «Podemos tener optimismo, pero no vemos liderazgo desde la Casa Blanca, China es muy difícil que pueda asumirlo y el Reino Unido no puede liderar en Europa». Son múltiples factores que se unen, pero estamos en una situación de desafíos globales cada vez más claros que requieren respuestas globales. Este problema ya era evidente con el cambio climático y otros factores, pero la pandemia lo ha dramatizó. Algunos observadores comparan la situación que viviremos, con la gran crisis de 1929, tras la llamada gripe española (entre enero de 1918 y diciembre de 1920), cuando la inestabilidad global creció, sobre todo tras la Gran Depresión de 1929 y que hundió el comercio, disparando el desempleo. Pero hubo una segunda vez, después de la devastadora Segunda Guerra Mundial. En este contexto, distintos expertos comienzan a cuestionarse si el escenario mundial que resultará de todo esto, será similar a lo ya vivido. Yo personalmente soy optimista al respecto. Desde entonces, han pasado muchas cosas en nuestro querido planeta y confío en que algo habremos aprendido, porque de los errores se aprende. Pero todavía me queda ese toque de desconfianza, ya que las personas que no están dispuestas a cometer errores o los han cometido y todavía no han aprendido de ellos, son aquellas que despiertan cada mañana y continúan cometiendo los mismos.

No tenemos que olvidar que al COVID-19, no le importa quiénes somos, dónde vivimos, en qué creemos, ni cualquier otra distinción. Necesitamos hasta el último ápice de solidaridad para afrontarlo juntos. Sin embargo, la pandemia sigue desatando una oleada de odio y xenofobia, buscando chivos expiatorios y fomentando el miedo. Dado que las personas mayores se encuentran entre las más vulnerables, han surgido “memes” despreciables que sugieren que también son las más prescindibles. Asimismo, los periodistas, los que denuncian irregularidades, los profesionales de la salud, los trabajadores humanitarios y los defensores de los derechos humanos están siendo atacados por el simple hecho de hacer su trabajo. Pero no confundamos el miedo con el respeto, y con la COVID-19 lo que hay que hacer, es respetarla.


Carlos Machado
Periodista

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