No hay mal que por bien no venga

Parte 2ª

paneles solares
Carlos Machado

En la primera parte de nuestro artículo, leíamos como el combustible fósil se abría camino en estos dos últimos siglos, siendo el petróleo, el que ha llegado a convertirse en el referente de la economía mundial, incluso por encima del oro. Los países dependientes de ese potencial producto ven sometida su economía a los altibajos del Brent. Aunque en muchísimas ocasiones se ha dicho que este tipo de energías tendrán su fin, hoy por hoy, sigue extrayéndose de las entrañas de nuestro planeta sin que parezca tenerlo.

Si quisiéramos hacer algo de historia de las energías renovables, podríamos decir que el ser humano las utiliza desde su “aparición” en nuestro planeta. Pero, aunque es prácticamente imposible establecer una línea de tiempo exacta para saber cuándo se comenzó a aprovechar los recursos naturales, o simplemente transformar la energía en un bien útil para el bienestar común, podríamos referirnos, como ejemplo, a la navegación a vela. En ella se empleaba la energía eólica de una manera práctica y sencilla, para impulsar los navíos. La posterior aparición de los molinos de viento reforzaba este concepto, y ya, con los molinos de agua, se asentaban las primeras bases de la Energía Hídrica. Pero el progreso de estas energías se vio principalmente dejado de lado por el fenómeno de la Revolución Industrial y, con ello, la mayor utilización de combustibles fósiles que, en sus primeros años, contaban con una fuente inagotable de recursos.

Estos recursos fueron disminuyendo cada vez más y así fue como, a mediados de los años 1970 (como ya apuntábamos en el capítulo anterior) con la crisis de la OPEP, se comenzó a enfatizar el concepto de Energía Renovable como una alternativa a las fuentes energéticas utilizadas y, además, con el estudio que indicaba un futuro agotamiento de los recursos petrolíferos. En esos años se comenzó a marcar un punto de inflexión en aquellas energías, que significaban un impacto ambiental. La aparición de las denominadas energías limpias por su baja o nula condición contaminante, aunque en un principio eran llamadas “energías alternativas” por ser de una producción baja, comenzaron a proliferar. Gracias al avance tecnológico, hoy día no se trata de una alternativa, sino que las energías renovables son un proyecto viable, que brinda un presente productivo y que apunta a un mejor futuro, con una fuente inagotable de recursos.

Según un informe de James P. Leape, Director General WWF Internacional, “para el año 2050 podríamos obtener toda la energía necesaria de fuentes renovables”. Este informe muestra que esta transición es no sólo posible, sino también costo-efectiva, proporcionando energía accesible para todos y producida en formas sostenibles por la economía global y el Planeta. “La transición presentará importantes retos. Sin embargo, espero este informe inspire a los gobiernos y a las empresas para llegar a enfrentarse con estos desafíos y, al mismo tiempo, hacer de la economía renovable una realidad.”

Como ya apuntábamos en el capítulo 1º, la COVID19 nos ha “obligado” a ser más conscientes aún al ver la gran “desescalada” del CO2 en nuestra atmosfera. Mal que por bien no venga, a ver si con ello nuestros dirigentes mundiales se dan cuenta de una vez que no es oro todo lo que reluce.

No estaría demás explicar brevemente lo que son las energías renovables. Para empezar, podríamos definirlas: “Son aquellas fuentes de energía basadas en la utilización de recursos naturales: el sol, el viento, el agua o la biomasa vegetal o animal, los RSU (residuos sólidos urbanos, es decir las basuras domésticas). Se caracterizan estas energías por no utilizar combustibles fósiles, sino recursos naturales capaces de renovarse ilimitadamente. Uno de sus puntos fuertes es que tienen un impacto ambiental muy escaso y, además, no emplean recursos finitos y no generan contaminantes. También son conocidas como energías alternativas o energías verdes”.

La principal característica de las energías renovables podríamos decir que es ayudar a potenciar el autoconsumo. Por poner un ejemplo: el uso de las mismas en los edificios, contribuiría a que estos sean mucho más autosuficientes en su consumo eléctrico. Imaginemos un futuro no muy lejano donde todos los edificios construidos tuvieran sus propias placas solares, calderas de biomasa o puntos de recarga para el coche eléctrico en su garaje comunitario; el autoconsumo eléctrico es mucho más fácil de alcanzar de lo que imaginamos.

En Europa, el 41 % de la energía que consumimos, es de los edificios, con lo cual, simplemente con este detalle, podríamos hacernos una idea de lo que podría significar esta aplicación. La Directiva Europea de Renovables estableció el 23 de abril de 2009 en el Parlamento Europeo, un marco común para el fomento de la energía procedente de fuentes renovables, en el que fijaba objetivos obligatorios en relación con la cuota de energía procedente de fuentes renovables, en el consumo final bruto de energía y con una cuota de energía procedente de fuentes renovables en el transporte. Establecía normas relativas a las transferencias estadísticas entre Estados miembros, los proyectos conjuntos entre Estados miembros y con terceros países, las garantías de origen, los procedimientos administrativos, la información y la formación, y el acceso a la red eléctrica para la energía procedente de fuentes renovables, definiendo criterios de sostenibilidad para los biocarburantes y biolíquidos. Por desgracia, no se ha llegado a los fines prometidos.

Para más inri, en nuestro país tenemos un caso concreto del que hablaremos en nuestro próximo “capítulo”. El propio Ministerio de Industria y Competitividad (MINECO) proporcionó un “crédito” a una empresa española con el fin de conseguir el expectante “RESIDUO CERO” y terminado este, se encuentra en el “cajón del olvido”.


Carlos Machado
Periodista

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