Las lecciones que nos da la vida

1
Carlos Machado

Las causas y efectos no pueden descubrirse por la razón, sino por la experiencia. Esta frase de David Hume, filósofo escocés del siglo XVIII, hace que regresemos en el tiempo y saber que, de lo vivido, siempre se aprende. Pero el ser humano parece que olvida rápido; somos y seremos, el animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

Durante la llamada Gripe Española, una de las últimas lecciones que hemos vivido en nuestra historia, fue, la primera oleada en España. Esta, tuvo lugar precisamente tras las celebraciones del patrón de la capital española, en Madrid. La gente se reunió en la pradera de San Isidro y una semana después, hacia el 22 de mayo, los periódicos decían que todos estaban cayendo enfermos de gripe. La Gripe Española se cobró más de 50 millones de vidas en todo el mundo. Los síntomas podríamos considerarlos como un referente del pasado a lo que estamos viviendo en estos momentos con la COVID19.

Si buscásemos coincidencias encontraríamos muchas, sobre todo, de esas de la que no hemos aprendido.

Se dijo en su momento que era un constipado sin importancia que no iba a llegar a más. En este momento, se dijo que era una simple gripe.

Los sistemas sanitarios muy deficitarios no daban abasto. Nuestra sanidad pública se colapsó y se colapsará.

Las medidas de contención de la pandemia de hace un siglo también suenan familiares: desinfección y cierre de espacios públicos, teatros, escuelas y fronteras. Las mismas medidas de hoy en día.

En 1918 se comprendió rápido que las multitudes eran foco de contagio. Se produjeron confinamientos y se avanzó en la aplicación de medidas preventivas que ya habían demostrado su eficacia históricamente imponiendo algunos cordones sanitarios, profundizando en el seguimiento de medidas higiénicas y promoviendo cuarentenas para los sospechosos de estar contaminados. Suenan estas medidas, ¿verdad?

En la actualidad al igual que hace un siglo, por parte de los que “tomaban decisiones” no se atrevieron a ser mucho más drásticos. Hoy, por salvar nuestro principal PIB, el turismo, lo mismo que antaño, se han relajado las medidas. Pero aún hay más, también se esperaba que las temperaturas del verano frenaran su transmisión y evidentemente no fue así. Entonces llegó una segunda oleada, más mortal que la primera. En España fue en septiembre y coincidió con las vendimias, las celebraciones a la virgen y la relajación del confinamiento. Incluso se llegó a vivir una tercera oleada a principios de 1920.

Nos encontramos en una situación tan parecida, que incluso como hace un siglo, cada país, reacciona de formas distintas unos de otros. Tan simple como que dependemos de la información y formación de los especialistas y de los “intereses” de la clase política, pero con un siglo de diferencia. Un siglo donde los avances de todo tipo, superan a los conseguidos en toda la historia del ser humano.

En aquella ocasión la pandemia duró dos años. La inmunidad colectiva, aunque todavía queden residuos de la llamada Gripe Española, consiguió una estabilidad mundial.

Si quisiésemos aprender de la experiencia, lo primero que tendríamos que hacer sería ponernos a la defensiva en el momento que, a nivel mundial, se notificasen posibles brotes, tengan el origen que tengan, del tipo que sean y que, pudieran significar una posible pandemia.

La sanidad pública sigue sin estar preparada y esta segunda oleada puede complicarse incluso más que la primera. No hay suficientes profesionales. Los que hay, han pasado una “crisis” que, lógicamente, les ha afectado tanto su estado psíquico como físico. No hay hospitales ni espacios preparados para hacer frente a una supuesta segunda fase.

Se está preparando la vuelta al colegio para dentro de tres semanas, incluso siendo los políticos de turno conscientes de lo que se puede avecinar y no parece que estén buscando alternativas al respecto. Clases de 30 para 15, ¿es eso una solución? Díselo a niños de entre 3 y 15 años.

Cierran los lugares de ocio nocturno, ¿el virus tiene horarios para contagiar? No quiero decir con ello que tengan que estar abiertos, lo que pretendo decir es que no se debería haber abierto la mano tan rápidamente o haberse puesto medidas “de obligación” estrictas.

En resumen, estamos donde estábamos porque quizá la culpa no sea del que no aprende, sino de los que se suponen tienen que saber y no saben. Eso sí, ellos no están sin cobrar el Ingreso Mínimo Vital, el ERTE, el paro, las indemnizaciones ni las subvenciones prometidas, ellos viven como se suele decir, “como Dios”.


Carlos Machado
Periodista

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*