Ocio en el siglo XXI: presente vs pasado

Inmersos de lleno como estamos en la segunda década del siglo XXI, el tiempo libre sigue siendo crucial en esta época no solo para los niños sino también para los jóvenes y los adultos. Nos referimos a ese lapso de tiempo de cada persona que no está ocupado ni por los estudios, ni por el trabajo ni por otras obligaciones. Ahora bien, cómo se disfruta del mismo y qué se hace ahora durante ese tiempo recreativo ha variado significativamente en comparación con las actividades de ocio desarrolladas incluso en el pasado más reciente.

Y es que en el siglo XXI, con la tecnología avanzando a velocidades vertiginosas, no solo la diferencia viene de la mano del paso de los años, con la brecha generacional consiguiente a tener en cuenta, y que marca una considerable diferencia entre hijos, padres y abuelos en cuanto a opiniones, enfoques, creencias, políticas y valores, sino que con dicha tecnología han aparecido múltiples formas de entretenimiento diseñadas para atraer la atención y captar a todo tipo de públicos, habiéndose sumergido el ocio en el ámbito digital de manera completamente predominante.

Así, lo tecnológico se ha convertido hoy día en el principal motor de la inmensa mayoría de modos de diversión, extendiéndose hasta los juegos de casino y muchas otras actividades enmarcadas en tecnologías tan avanzadas que se ha llegado a crear la denominada realidad virtual a la que se accede a través de todo tipo de dispositivos y consolas, con la red internet como el recurso estrella en el que dicha realidad se sostiene interconectando a millones y millones de personas de todo el mundo a través de la redes de telefonía y cable.

Las nuevas tecnologías: ¿nos benefician o perjudican?

Esa multitud de formas de entretenimiento conlleva una fuerte variación en la mentalidad de la gente y las mismas se alejan enormemente de las iniciativas que se organizaban hasta hace pocos años durante el tiempo libre, en el que se priorizaba la práctica deportiva, la asistencia a espectáculos culturales (el cine entre ellos) y la realización de salidas con amigos o paseos por el campo, a la vez que se disfrutaba de horas y horas de intrascendentes charlas o de relajados picnics u otras actividades con la familia.

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En la actualidad, las cosas han cambiado casi podría decirse que radicalmente, y jóvenes y adultos dedican la mayor parte de su tiempo, más allá del trabajo y los estudios, a usar las aplicaciones de su móvil, a participar en videojuegos o a estar conectados a redes sociales. E incluso si quedan con familiares y amigos, le prestan más atención al móvil que a sus acompañantes presenciales, atribuyéndose esta situación al rapidísimo cambio social y avance tecnológico que hemos experimentado en tan poco tiempo. De ahí la pregunta latente: estas nuevas tecnologías, ¿nos benefician o perjudican?

Los más prudentes, si se tuvieran que decantar entre presente versus pasado o viceversa, opinan que una u otra época, con sus respectivas actividades, tienen sus ventajas y desventajas, aunque abogan, quizá románticamente, por no perder en la medida de lo posible las viejas costumbres, esto es, por ejemplo, juegos tradicionales o populares como el brilé o balón prisionero, el “pilla pilla”, el “bote” o el escondite inglés, entre otras actividades lúdicas que han constituido escuelas de formación física, de relaciones sociales y de aprendizaje para miles de personas en todo el mundo, y para las que suponen además un patrimonio cultural común.

Nuevas formas de diversión basadas en un ocio activo

Los defensores de ese pasado sostienen que, pese a que algunos de dichos juegos se pueden simular fácilmente con las consolas y tablets, no se deben perder porque nos aportan otros beneficios, como la socialización, el salir a la calle y el mejorar nuestra salud por la actividad física que implican. Cierto es también que lo online permite igualmente relacionarse y conocer gente de todo el mundo…

Los partidarios de las nuevas tecnologías afirman que, aunque no queramos dejar de lado los juegos y actividades de ocio tradicionales, la realidad de la situación actual se impone inexorablemente y no queda otro remedio que avanzar, poniendo de manifiesto incluso que hay hoy actividades que poco a poco van ganando más fuerza y se alejan por completo de lo relacionado con el ámbito digital, como el paintball, por ejemplo. Es decir, nos movemos en el tiempo y evolucionamos y, en este camino, lo nuevo, aunque no sea tecnológico, termina siempre imponiéndose a lo “viejo” o antiguo.

En todo caso, las nuevas tecnologías se encuentran o ubican en la actualidad en el centro de la industria y oferta del entretenimiento. De hecho, ya se están diseñando, y muy deprisa, nuevas formas de diversión basadas en un ocio activo que difieren completamente de la oferta de ocio tradicional. Por ejemplo, se ubican ya en distintas zonas de Madrid los conocidos como trampoline parks, donde se entremezclan camas elásticas, combinadas a su vez, por un lado, con videojuegos interactivos basados en el uso de pulseras electrónicas. Y por otro, con dianas electrónicas o juego de realidad virtual.

También existen ya pistas de bolas luminosas con bolos y pelotas que incluyen luces LED que brillan en la oscuridad… Y hay quien está ideando zonas de merendero en iglúes o trabaja intensamente en construir simuladores de surf, entre un gigantesco abanico de posibilidades que la tecnología hará pronto posibles, aunque aún no existan y estén por venir o descubrir.

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