Félix Buisán: «La música me inspira, me he acostumbrado a escribir con ella»

Por Eva Fraile

Hace mucho tiempo ya, Félix Buisán (Palencia, 1957) y su padre mantuvieron una distendida conversación en la que le acabó prometiendo a su progenitor, básicamente, lo que hoy es Historia de un soldado comunero. De este episodio histórico, sobre el que todavía siguen debatiendo los investigadores, el escritor palentino tenía claro que quería dar voz a aquellos personajes que no han trascendido: el pueblo llano.

1Historia de un soldado comunero es tu primera novela, ¿ha sido muy difícil dar ese salto del relato a la novela de ficción?

Obviamente, la extensión (que lo modifica todo) es un factor definitorio. No es lo mismo escribir (y leer) un relato de diez o veinte páginas que una novela de quinientas setenta y tantas páginas. El tiempo, en años, que me ha costado escribir Historia de un soldado comunero ha sido también un elemento añadido de dificultad. Hacer una novela es difícil, pero hacer una buena novela lo es aún más (sobre todo si has tardado en escribirla ocho años).

¿Qué es lo que más te llama la atención de la historia de los comuneros?

Más que el hecho histórico en sí, lo que más me ha llamado la atención ha sido la interpretación, el discurso que se ha construido acerca de la rebelión de las Comunidades: para unos fue una revolución progresista, liberal y antimonárquica; para otros, una acción reaccionaria, medievalizante y antimoderna. Lo que está claro es que la gesta comunera y sus ideales siguen vivos cinco siglos después.

Tengo entendido que detrás de este libro hay una emotiva historia que tiene que ver con tu padre, ¿qué te parece si nos la cuentas?

Efectivamente. Hace tiempo, algo así como treinta años, charlando con mi padre (ya fallecido), me comentó que quería escribir una novela corta para un certamen literario. Él era castellano de Palencia, periodista y escritor. Yo, más o menos, le sugerí que escribiera algo sobre la guerra de las Comunidades de Castilla, que era un episodio desconocido para la mayoría de la gente. Hizo un borrador que me enseñó, aunque no me convenció del todo. Entonces le dije que algún día yo haría una novela sobre ese escenario histórico, pero que los protagonistas no iban a ser los héroes comuneros ensalzados por la historiografía moderna, sino gente del pueblo, anónima y sencilla, y que sería, además, una historia de amor y de amistad. Y así lo he hecho, padre querido.

En Historia de un soldado comunero has querido huir de presentar a los protagonistas típicos de este episodio histórico, ¿cómo son los personajes que has utilizado y por qué has preferido ese perfil menos conocido?

Los protagonistas de mi novela no son ni héroes ni antihéroes, son gente del pueblo, del común, personajes anónimos y sencillos. La mayoría de novelas ensalzan a los caudillos comuneros, Bravo, Padilla y Maldonado, pero yo quería dar otro punto de vista: los personajes lo que quieren es sobrevivir al caos bélico y lo que les importa, como a la mayoría, es su propio bien (básicamente, seguir vivos) y el de sus allegados. Sin embargo, aunque soldados y guerreros, sus corazones no siempre tienen la insensibilidad de las rocas. Incluso empatizas con ellos.

¿En el catálogo de qué editorial tradicional te gustaría aparecer?

Penguin Random House, HarperCollins Ibérica, Editorial Edhasa, Ediciones Pàmies o Ediciones Áltera. Pero Penguin, para mí, sería la locura. ME APUNTO a la familia de autores/as de Penguin España.

Como lector, ¿qué género o géneros te gustan más? ¿Tienes alguna obra predilecta?

Como lector me gusta cualquier género literario. Leo novela, poesía, ensayo, incluso teatro. No obstante, la novela, sobre todo la novela histórica, es mi género favorito, y al que dedico más tiempo de lectura. ¿Una obra predilecta? El médico, de Noah Gordon, La mano de Fátima, de Ildefonso Falcones, y El nombre de la rosa, de Umberto Eco. ¡Icónicas novelas!

¿Ves a tu libro inspirando una serie o película sobre los comuneros?

¿Por qué no habría de hacerlo? Una película o una serie, en mi opinión, serían espléndidas. Historia de un soldado comunero tiene elementos muy interesantes para su adaptación cinematográfica. Por ejemplo, las escenas de acción y tensión son fantásticas (o eso creo). La ambientación histórica, la psicología de los personajes, la trama y las subtramas sustentarían adecuadamente un guion adaptado. La historia, en definitiva, engancharía a los aficionados al cine. No me cabe la menor duda.

¿Qué manía innegociable tienes cuando te sientas a escribir?

Más que manías son costumbres. Ahí van algunas de las mías:

Dicen que Dickens no podía sentarse a escribir despeinado o con aspecto desarreglado. Pues yo, lo mismo. No puedo escribir con legañas o en pijama. En mi caso, me aseo, me afeito, me echo colonia y me visto, aunque esté en el despacho de mi casa. La soledad del escritor no debe estar reñida con nuestro aspecto.

La música es fundamental para mí. Hay escritores que necesitan el silencio para concentrarse. Yo, sin embargo, necesito música. La música me inspira, me guía. Me he acostumbrado a escribir con ella. El tipo de música o las canciones dependen de mi estado de ánimo, pero lo importante es que la música me acompañe todo el rato.

El horario. No tengo horarios. Al principio me gustaba la noche para escribir, pero con el tiempo y mis obligaciones (trabajo de médico anestesista) he ido cambiando esta costumbre: no puedo estar por la noche tecleando y al día siguiente estar más dormido que mis pacientes. Ahora mi horario es muy variable: escribo cuando puedo o cuando me siento inspirado. A la hora de escribir esta novela, lo he hecho sobre todo los fines de semana. Entre semana, lo que solía hacer era revisar el texto escrito, reflexionar y corregir.

A la hora de escribir, además de la música y de abrir el archivo en el ordenador, otra cosa que hago es abrir Google. No puedo escribir sin Internet, sin Google. Google lo utilizo para dudas de ortografía y gramática, dudas históricas (en el caso de mi novela), para consultar el diccionario o para otras consideraciones.

Y ya está. Estas son algunas de las costumbres o manías que he ido adquiriendo con el paso del tiempo.

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