Manuel Carrasco revienta el estadio de La Cartuja ante casi 75.000 espectadores que viven extasiados una noche histórica

Para la música en directo en España

Manuel Carrasco

Si ya era un reto complicado superarse a sí mismo habiendo llenado plazas como el Benito Villamarín en Sevilla o el Wanda Metropolitano de Madrid, en esta ocasión Manuel Carrasco ha ido más allá y ha materializado una proeza hasta ahora nunca vista en la historia de la música en España: reunir a las 75.000 personas en el Estadio de la Cartuja de Sevilla, convirtiéndose así en el concierto más multitudinario de un artista solista nacional e internacional en la historia de la música en España. Como guinda del pastel a la gira “Hay que vivir el momento”, el onubense se ha marcado un concierto récord único. Durante casi dos horas y media ha ido desgranando lo mejor del amplio repertorio que ha recopilado durante 20 años de carrera, aunque destacaron los temas incluidos dentro de su último disco, “La cruz del mapa”. Un espectáculo que, aunque venía de una gira con la que ha recorrido España este año, se ha necesitado aumentar y ampliar a nivel de producción para estar a la altura de un recinto de estas dimensiones, necesitando una docena de camiones para transportar todo el material.

El rostro de incredulidad, fantasía y felicidad del cantante fue el protagonista de una noche marcada por una voz en estado de gracia, volcada a un público entregado que coreó cada uno de los 23 temas que Manuel desgranó a lo largo de más de dos horas y media de concierto. Arrancó enfrentándose en solitario al público a piano y voz, con un tema inédito dedicado a Sevilla, la ciudad que le ha llevado a vivir el récord histórico que supone reunir a 75.000 personas en un estadio. “Esto es una noche histórica, que se produce porque Sevilla así lo ha querido. Esto no lo está haciendo alguien de Manchester ni Wisconsin, sino de aquí al lado, de Isla Cristina”, decía Manuel ante un público extasiado que no dejaba de corear cada uno de los temas del concierto. Tras este arranque, se cambió de ropa e hizo que todo el estadio saltara al ritmo de “Hay que vivir el momento”, el tema que da título a una gira apoteósica pospuesta en dos ocasiones por culpa de la pandemia. Tema a tema fue regalándose a cada segundo, como decía su canción de arranque, ante un estadio abarrotado de la misma manera que si fueran solo dos personas. Los momentos de éxtasis no dejaban de producirse, ya que Manuel consigue algo inaudito en cualquier artista que se pueda pensar: provocar un estado de empatía en el público que hacía que cada uno de los espectadores sintiera la emoción que él mismo estaba viviendo como protagonista de una noche histórica. “Tambores de guerra”, “Que nadie”, “Mujer de las mil batallas”, “Ya no”… hasta llegar a una de las apoteosis de la noche, “No dejes de soñar”, donde Manuel terminó al final de la pasarela arrodillado de la emoción.

La larga pasarela que llegaba a la mitad del campo del estadio de la Cartuja fue atravesada una y otra vez por el cantante, impaciente por acercarse una y otra vez a cada rincón del enorme escenario, con una escenografía e iluminación que llegaba hasta el último rincón del enorme recinto. “Mi primer sueño fue en una sala de ensayo del Carnaval. Los sueños, por muy difíciles que parezcan, se pueden hacer realidad”, reconocía ante un gentío que cada espectador miraba desde su posición con cara de incredulidad. La misma que reinó en el lugar cuando, por sorpresa, Raimundo Amador apareció en el escenario para tocar con Manuel un clásico de Pata Negra, “Si tú te vas”.

Los bises vinieron en dos tandas. Tras una batukada impresionante que reinó todo el escenario con “Yo quiero vivir”, el artista se marchó para cambiarse y regresar con “Me dijeron de pequeño”, quizá el tema en el que más se abre a su público para contar cómo ha sido su proceso a lo largo de 20 años de carrera marcada por un éxito silencioso, cocido a fuego lento, y que le ha llevado a convertirse en el artista de más éxito de la música española. A partir de ahí el éxtasis general no frenaba ni un ápice y la gente pedía más y más. Cinco temas tras lo que al marcharse no le quedó otra que volver para marcarse una bulería y dos temas finales, con un arrebatador “Que bonito es querer” que hizo que el punto final estuviera en un punto tan álgido que no había manera de conseguir que el público creyera que esta noche mítica había terminado. Entre el público presente había absolutamente de todo, desde familias enteras a parejas de todas las edades, y nombres como Antonio de la Torre, Kira Miró, Maxi Iglesias, María Casado, Mina El Hammani, Eric Masip, Ruth Lorenzo, Antonio Velázquez o Salva Reina, entre otros.

Un momento para la historia donde es difícil saber si fue el público o el onubense quien más disfrutó. Lo que está claro es que Manuel Carrasco provoca una sensación de empatía que hacía que la mayor parte del público viviera una noche histórica para la música española con la misma emoción que el artista había momentos que era capaz de controlar, y otras no. Actuar ante 75.000 personas no es algo que ocurra todos los días. Pero los sueños, a base de trabajo, se cumplen. No dejes de soñar. Hay que vivir el momento.

Y 2022 aún no ha terminado. Manuel guarda muchas sorpresas para lo que resta del año. Y quien no lo crea, al tiempo.

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