El códice 46 del Monasterio de Yuso: el Diccionario más antiguo

Monaterio de Yuso / Foto: Wikipedia

El códice 46 del Monasterio de Yuso, del año 964 contiene 20.000 artículos como los diccionarios actuales, según los hermanos Turza

Características 

Mas específicamente contiene veinticinco mil definiciones y diez mil acepciones, según Marieta Alonso Más. Se terminó de redactar en junio de 1964, y se encuentra en la Real Academia de la Historia de Madrid. Las dimensiones son de 290 por 212 mm. Formado por 172 folios de pergamino, redactado en letra visigoda redonda, a dos columnas de 36 líneas. La mayor parte en tinta negra. Letras mayúsculas decoradas y algunas miniaturas. 

Según algunos autores, desde las Etimologías de San Isidoro de Sevilla, es el diccionario más completo, reúne una enorme cantidad de conceptos e ideas o glosas sobre todas las realidades medievales o casi todas, y, sobre casi todo el saber de su tiempo. 

Es considerado el primer diccionario enciclopédico del cristianismo peninsular. Se encuentran en él, ya frases y acepciones en castellano, por lo que se considera el monasterio de san Millán de la Cogolla, como el cenobio que empezó a transcribir el castellano en manuscritos escritos. 

Análisis

Si nos fijamos bien, esta obra, este códice es un monumento a la cultura de la Península Ibérica, a la cultura de origen cristiano, a la cultura medieval. Salvo especialistas, al no tener apenas iluminaciones o miniaturas pues no ha trascendido a la cultura de masas, ni siquiera, es demasiado conocido por la multitud de enjambre de personas que se dedican a los oficios de la cultura, en su mayoría de especialidades y saberes. Siendo en sí, un monumento tan importante, como el resto del arte prerrománico, donde estaría encuadrado, sería un monumento tan importante, como una catedral románica. Recordando a Cela, cuándo indicaba, parafraseándolo, que un libro medieval, tiene tanta importancia, como una catedral medieval, e, incluso es más duradero… 

En la Península Ibérica subyace una problemática grave y difícil, que no se aborda y no se toca –posiblemente, sucede lo mismo en otras sociedades-. Sintetizando, es que los que han habitado aquí en este territorio, delimitemos la Península Ibérica, a lo largo de los siglos y milenios, han ido dejando algo a las generaciones futuras, pero también, ciertos modos y formas de cultura y de escritura y de lenguas. 

Por tanto, en este terruño del que formamos parte, no solo se ha escrito en los idiomas oficiales del Estado actual, sino también en latín, también en árabe, también en las lenguas prerromanas, que algo ha quedado en escritura en piedra, posiblemente, se redactaron textos aquí, en estos lugares, que se habrán perdido en lenguas fenicias, griegas o dialectos griegos y cartagineses. No conozco si los pueblos germánicos que atravesaron estos lugares, que tendrían sus lenguas, dejaron algo escrito en sus idiomas y, que se haya encontrado/perdido… 

Esto anterior es esencial e importante, una cuestión que vamos dejando de generación en generación, atravesando el horizonte de los siglos, y, que quizás, deberíamos abordar alguna vez, de forma clara y evidente. E, igual o semejanza que sentimos que el Puente de Alcántara y el Acueducto de Segovia, la Mezquita-Catedral de Córdoba, y, mil otros monumentos, realizados en tiempos y culturas diversas, de las que somos herederos. Quizás, deberíamos ser conscientes, que también somos herederos de todas las lenguas y escrituras de todas las lenguas que han ido horadando lo que somos ahora, 3en mayor o menor grado… 

Que este libro-códice-texto, porque esencialmente esté escrito en latín, con algunas acepciones del castellano, no se valore lo suficiente, no esté en la memoria colectiva, es, en cierto modo, un error, porque es no ser consciente que nuestra herencia, somos biznietos de muchas influencias. Podemos admitir, que no toda la herencia romana ha sido positiva, hoy la reivindicamos, pero Roma, no entró en la Península solo con negociaciones de paz y acuerdos de relación pacífica, sino con el problema de las guerras cartaginesas, a sangre y fuego, en gran medida. Nos sentimos herederos de los romanos, seguimos siendo romanos en muchos sentidos, pero no solo somos hijos de Roma, sino que tenemos muchos tatarabuelos culturales. Unos, en mayor medida, otros en menos. Unos más aceptados actualmente, con más influencia actual, otros con menos. 

Porque, me he preguntado muchas veces, cuestión que dejo, diríamos como colofón o cuestión final, para que usted, estimado lector/a lo analice. ¿Usted cree que Cartago que fue un imperio antiguo, a nivel comercial, político y militar…? ¿No debió de tener actividades culturales en todos los saberes, porque un imperio necesita cultura en derecho, política, economía, literatura, teología, etc.? ¿Y, algo de todo ello, habrá quedado soterrado en nosotros…? 


Jesús Millán Muñoz – http://filosliterarte.blogspot.com.es  © jmm caminero (17-20 julio 2022 cr)

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