Una investigación de UNIR corrobora que “no todos los niños nerviosos son hiperactivos”

Una investigación dirigida por un equipo de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) ha servido para “corroborar” que “no todos los niños nerviosos son hiperactivos” y para demostrar que la atención con programas individualizados mejora el comportamiento y la atención de quienes tienen estas patologías.

Así lo ha explicado a EFE la autora principal de este estudio, Yoana Campeño, que ha desarrollado este trabajo junto a otros especialistas de distintas universidades, cuyo trabajo ya ha sido publicada por una revista científica norteamericana.

Para realizar su trabajo, este equipo ha analizado en dos centros educativos el comportamiento de alumnos ya diagnosticados de TDAH (Transtorno de Déficit Atención o Hiperactividad).

Se estima que el cinco por ciento de la población sufre un trastorno, explica la especialista, aunque en España algunas estimaciones elevan el dato a más del 6,5 %, en especial entre niños.

El diagnóstico del TDAH se asocia a falta de atención, impulsividad, aislamiento social o falta de comunicación en familia.

Ante estos síntomas, el trabajo ha demostrado, explica Campeño, que el tratamiento individualizado a niños con esos síntomas, por medio de programas de intervención, permite mejorar sus habilidades de control y de reflexión, es decir, la capacidad para prestar más atención a las tareas, para analizar un problema, y para adoptar estrategias que reduzcan los problemas de estos niños.

Pero en la “base” del problema, subraya la investigadora, está “la tendencia” de creer que “todos los niños nerviosos y movidos tienen TDAH”.

“Es cierto que a un niño nervioso se le puede realizar un diagnóstico más rápido, pero ni hay que asociar eso al TDAH, ni todos los que lo tienen presentan esos síntomas”, explica.

De hecho, en su trabajo han utilizado la llamada “escala de Magallanes” que analiza los diferentes problemas que afectan a un niño, en especial en el colegio, para determinar sitien o un trastorno de este tipo.

“Además, esa escala tiene varias subescalas más, con lo que puedes preciar más el diagnóstico y no quedarte en la generalidad de que por ser nervioso, un niño tiene TDAH”, insiste.

Y una vez que existe un tratamiento claro, se puede determinar “un programa individual” en especial para “reducir la agresividad (en casi la mitad de los casos que han investigado) y el retraimiento social” según ha determinado la investigación.

“Hemos comprobado con esos programas específicos los niños mejoraban su autoestima y el aprendizaje en el colegio”, recalca Campeño, que es doctora en Psicopedagogía.

En esta misma línea, “hemos querido demostrar que aunque ahora mismo se diagnostica con demasiada facilidad el TDAH, lo que faltan son problemas para afrontarlo” porque “en cuanto se hace ese diagnóstico se empieza a dar fármacos al niño, y no es suficiente”.

“Si un niño de 5, 6 o 7 años al que se le ha dicho que tiene TDAH no tiene a su alcance programas pedagógicos, siempre irá renqueando se dispersará más en vez de tener elementos para centrarse y sentirá que lo que le sucede es un estigma”, subraya.

La investigación pone el acento, también, en la falta de formación del profesorado sobre el TDAH “a pesar de que si en un aula tienen una estrategia para trabajar con estos niños, pueden obtener muy buenos resultados”; y en las familias “a las que hay que conciencias de que no deben etiquetar a sus hijos”.

“En la sociedad actual se habla de excelencia educativa y se cree que eso consisten en que muchos alumnos lleguen al diez y quizás, sobre todo con estos niños, deberíamos pensar en que la excelencia es poder centrarse en cada chaval y ver sus necesidades para que no se queden atrás”, concluye la investigadora.


Fuente: EFE

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