Jesús Paños: “Debemos ayudar a nuestros hijos a confiar en sus profesores y a no verlos como enemigos”

El psicólogo, integrante de la Unidad de Dificultades de Atención y Aprendizaje de Blue Healthcare, destaca la importancia de “marcar límites a nuestros hijos, pues hay una serie de normas que respetar y obligaciones que atender”

Una vez incorporados a las aulas para afrontar el nuevo curso, los niños empiezan a ver cómo sus expectativas y la realidad del nuevo curso se ensamblan. Y, ¿qué ocurre cuando esta ilusión se ve frustrada y surgen los problemas académicos? ¿Podemos evitar el llamado fracaso escolar antes de que suceda?

El psicólogo Jesús Paños, de la Unidad de Dificultades de Atención y Aprendizaje de Blue Healthcare, nos aporta su visión al respecto y nos da una serie de claves:

  1. Es importante adoptar un estilo educativo eficaz, pero ¿qué implica esto?

Ante todo, debemos brindarles apoyo afectivo a nuestros hijos, esto significa ser cercanos, pero, al mismo tiempo, ser hábiles para controlar y supervisar su conducta. Proveer cuidados y afectos es la base de la educación, pero, además, hay que entrenar habilidades y desarrollar competencias. Esto les aportará seguridad y madurez emocional a nuestros hijos.

Por tanto, es muy importante establecer una relación emocional cariñosa, cercana y positiva entre padres e hijos como uno de los pilares de la educación y como base del desarrollo de la inteligencia emocional.

No menos relevante es ayudar a nuestros hijos a confiar también en los profesores y trasladarles el mensaje positivo de que son personas importantes que les van a ayudar a mejorar y a crecer. Cuando un niño establece una relación cercana con sus profesores, le va a ayudar tanto en su desarrollo emocional como académico. Los niños deben asociar el colegio al disfrute y a una etapa de su vida divertida. Los padres, por su parte, deben también establecer vínculos con los profesores, mostrar cercanía y acudir a las tutorías y reuniones.

  1. Evitemos la sobreprotección, de forma que nuestros hijos desarrollen las habilidades necesarias para su aprendizaje y maduración, así como su autonomía. Esto les dotará de mayor seguridad a la hora de tomar decisiones sin buscar aprobación constante por parte de los demás. Un celo exagerado puede llegar a agobiar al menor y convertirle en una persona temerosa, insegura y dependiente. Debemos prepararlos e impulsarlos para que ganen en autonomía y responsabilidad, así lo hicimos cuando les enseñamos a lavarse solos los dientes o a montar en bicicleta.

 

  1. Entrenemos su autonomía. Ayudemos a los niños a ser autónomos. Esto les obliga a planificar, a pensar antes que hacer, a anticipar consecuencias de sus actos, a reconocer conductas en los demás, a valorar peligros y ser organizados. Todo ventajas.

Progresivamente, debemos facilitarles el enfrentarse a nuevas situaciones, que razonen, que busquen soluciones y que anticipen cómo ejecutar conductas. Lo ideal es comenzar pronto, cada edad permite poder ser autónomo hasta un determinado punto, en función de su madurez psicológica y neurobiológica. Tareas como organizar su habitación, recoger, ayudar a vestirse, preparar la cartera, cuidar sus pertenencias y sus libros o asearse sin ayuda son buenas preparaciones que les fortalecen la autoestima y les va ayudan a darse cuenta de su valía.

De vez en cuando también es muy útil ayudarles a buscar nueva información sobre un determinado tema que hayan visto en clase y acercarlo a su vida con ejemplos claros y cotidianos. Esto les ayudará a percibir el aprendizaje como algo valioso.

  1. Fomentemos una actitud positiva hacia la mejora y las dificultades. La vida está llena de problemas y la mejor actitud es saberlo y asumir que cuando se presenten hay que dedicar tiempo a buscar información y soluciones, no lamentarnos por haberlos sufrido. Generar en los niños una buena sensación de enfrentamiento ante los problemas fortalece sus recursos para no ser vulnerables y temerosos.

 

  1. Animemos a nuestros hijos a participar en un ocio sano. La participación en actividades lúdicas y deportivas con otros niños es fundamental para un buen desarrollo emocional. Es importante que se diviertan, compitan y se enfrenten a posibles situaciones de frustración y resolución. El deporte también facilita su aprendizaje y les ayuda a liberarse de la fatiga mental.

 

  1. Ayudémosles a desarrollar buenas habilidades sociales y de comunicación. La autonomía también implica el dominio de un conjunto de habilidades sociales que son necesarias entrenar. La inteligencia emocional juega un papel clave en nuestra educación y desarrollo. Por ello, debemos animarlos a hacer preguntas, solicitar ayuda, saber responder, comunicarse con los demás y expresar sus emociones y pensamientos sin miedo, en definitiva, a ser asertivos y empáticos. Asimismo, debemos apoyarles cuando surja un problema y buscar soluciones, de forma que no se bloqueen y sepan afrontar la situación de forma relajada, con templanza.

 

  1. Marquemos límites. Nuestros hijos deben entender que hay una serie de normas que respetar y obligaciones que atender. Marquemos los límites y las pautas a seguir de forma clara y explicándoles el porqué. Permitámosles opinar, ya que esto ayuda a su cumplimiento y aceptación. Repasemos con ellos las fechas importantes, los exámenes o trabajos por hacer, y también, por supuesto, las excursiones o vacaciones.

 

  1. Valoremos sus logros y recompensemos sus progresos. Debemos mostrarnos orgullosos y encantados con nuestros hijos cuando cumplen con sus obligaciones y compromisos. Nuestro reconocimiento para ellos supone un revulsivo y los anima a continuar con ilusión. Recompensemos su esfuerzo diario cuando han obtenido buenos resultados en sus notas, pero también ayudémosles a descubrir el error y establezcamos pautas de mejora.

 

  1. Impulsemos su capacidad de autocontrol y ayudémosles a aceptar sus defectos. Tenemos que hacer entender a nuestros hijos que no todo puede ser perfecto, que no todo sale como uno quiere y ayudarles a tolerar la frustración. Es bueno que les dejemos equivocarse de vez en cuando para que comprendan el valor del acierto y cómo llegar hasta él. Animémoslos a buscar soluciones ante tareas difíciles que le han llevado al error y aprovechar para explicarles que es bueno buscar alternativas de solución.

 

  1. Entrenemos sus habilidades cognitivas. Es clave en su proceso de aprendizaje, desde pequeñitos, incluir fichas y juegos para desarrollar la atención y la memoria. También es fundamental ayudarles a planificar, fomentar la lectura y el descubrimiento de contenidos con ayuda de las nuevas tecnologías.

Prepararlos para la vida es todo un proceso que pretende hacer de ellos personas responsables, con valores, que sepan razonar, pensar y emocionarse. Educar, por tanto, implica entrenar y ayudar a nuestros hijos en el aprendizaje de nuevas habilidades para la vida.

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