Cumbre del Clima: un acuerdo final que no puede catalogarse ni tan siquiera de “bajo mínimos” y que nacerá muerto en 2020

El interés del planeta, superior a cualquier otro, no puede estar basado en aspiraciones y la COP 25 deberá responder de las razones de esta nueva victoria del “establishment” del petróleo

La directora de la Fundación Empresa y Clima, Elvira Carles (c), acompañada por el consejero delegado de Global Omnium, Dionisio García Comín, y por la líder de UGT en Andalucía, Carmen Castilla, durante la presentación de su libro "Emisiones en el mundo", dentro de la Cumbre del Clima. EFE/Javier Liaño

Unos principios dialécticos “vacíos”, ausentes de compromisos reales y qué sólo han servido, dicho de forma vulgar, “para vestir a un muñeco”, ya de por sí andrajoso como casi han convertido al Planeta.

El término o pretensión acordada por las partes: “ser más ambicioso”, ya utilizado en la Rueda de Prensa de ayer sábado por uno de los convocantes, (se encuentra grabado en TV) – (“llamada general a la ambición”), debía estar ya precocinado, teniendo en política, variadas acepciones, ¡no faltaba más!, y en diccionario, puede referirse perfectamente a “disponer de una inclinación”; “fijarnos metas”, es decir, pueden entronarse dentro de términos ambigüos llegado el momento.

Cuando en una de nuestras primeras crónicas afirmábamos ¡ALGO ESTÁ SUCEDIENDO! en la Conferencia del Clima, reforzaba tal afirmación, la de ¡nos falta información veraz¡, pretendiendo ante todo ser prudentes y comprensivos acerca de que siempre existen y existirán aspectos importantes, en algunos momentos en este tipo de Cumbres, que deben retrasar su trascendencia al conocimiento público.

No estuvimos interesados, ni lo estamos, en las posibles desavenencias surgidas en protagonismos de los dirigentes; tampoco en reivindicaciones mediáticas, estatales o que provengan de otras partes del mundo.

Pero ha llegado la hora de que expresemos nuestro desacuerdo con la política informativa desarrollada por la CUP-25 durante estas dos semanas.

Tampoco vamos a averiguar las razones del abandono de hasta un tercio de los Participantes con anticipación al Acuerdo final.

No soy activista, pero cuando el Planeta puede llegar a depender de actuaciones unilaterales, procedentes de partes causantes, los afectados deberían conocer de raíz las divergencias qué les afectan desde origen y no a través de filtraciones interesadas de carácter oficialistas, qué pudieran tergiversar su transparencia.

O sea, la pretensión residía en un conocimiento transparente, “sin maquillajes”, y sin opacidad, por lo que no podemos encontrarnos de acuerdo en cómo ha desarrollado la labor informativa de COP 25.

Si hemos escuchado a científicos y expertos, exponer consideraciones y conclusiones, apoyadas en datos empíricos, existe el derecho de los eventualmente afectados, a conocer los argumentos de la parte causante a efectos de una mejor subsistencia futura, dado qué el eventual peligro al que podrían enfrentarse, justifica más qué de sobra disponer de información de todo tipo.

Para colmo, hay que escuchar prejuzgar a la presidencia chilena, que indica que se trata de un buen documento firmado, ¿para quién?


Jesús Antonio Rodríguez Morilla
Doctor en Derecho (Cum Laude)
Diplomado en Estudios Avanzados U.E.
Caballero de Mérito por Real Orden Noruega
www.modificadosobraspublicas.com

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