Intervención de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en el acto en conmemoración del Dos de Mayo

Autoridades, homenajeados, señoras y señores.

Buenos días.

Ojalá pudiera decir, uno a uno, los nombres de todos los que se nos han muerto, ver su imagen, vidas y recuerdos.

Abuelos y abuelas inolvidables; padres y madres insustituibles; compañeros y amigos a los que añorar siempre. Son las víctimas.

Por ellas estamos de luto. Junto a ellos, con todos, han estado nuestros héroes.

Quisiera también pronunciar sus nombres uno a uno, decirlos bien alto, y tener el honor de estrecharles la mano, ponerles una medalla al cuello, darles las gracias en nombre de Madrid y de España, en presencia de sus familias y amigos, para que todos compartan el orgullo que sentimos, el agradecimiento por sus sacrificios contra este nuevo invasor.

De los que se ha llevado el virus, recordamos algunos nombres conocidos de todos y que tuvieron un papel destacado en la vida pública en nuestra región: políticos, como Enrique Múgica y Pepe Folgado; deportistas, como Goyo Benito, Santiago Llorente Fernández o Daniel Yuste; periodistas, como José María Calleja; intelectuales, como el historiador Carlos Seco Serrano; artistas, como el Príncipe gitano o Lucía Bosé; empresarios, como Carlos Falcó, Lorenzo Sanz, Alfonso Cortina y Santiago Martín Marcos…

Estos nombres se unen a los que muchos llevamos en nuestros corazones, por los que guardamos un minuto de silencio cada día a las 12, y por los que pedimos a los creyentes una oración.

Son héroes y víctimas los nueve sanitarios que hasta hoy han muerto en la región. Como hiciera el teniente Ruiz, en el Madrid invadido de 1808, han dado su vida, frente a este virus invasor, profesionales como Luis Pérez Suárez, médico del SUMMA, la primera baja entre los sanitarios madrileños; o Joaquín Díaz Domínguez, jefe de cirugía de La Paz. Con ellos, Manuel Garrido Fernández, en atención primaria; Nuria García Casado, médico jubilada; Antonio Iniesta Álvarez, especialista de medicina del trabajo; Alberto Olarte Daita, traumatólogo; Ángel Oso Cantero, pediatra jubilado; Julio García Paredes, fundador y director de la Unidad de enfermedad intestinal inflamatoria del hospital Clínico; Emilio Úcar Corral, director médico del Hospital Santa Cristina; y el Dr. Jesús Vaquero, jefe de neurocirugía del Hospital Puerta del Hierro, pionero en el tratamiento de lesión medular.

En Madrid no tenemos policía regional, pero la Policía Nacional y la Guardia Civil las sentimos tan propias como las cercanas policías locales o municipales. Ellos también han perdido a algunos de sus compañeros: en Cuatrovientos, el subteniente Palencia; en Alcorcón, el jovencísimo guardia civil Pedro Alameda; en Valdemoro, Manuel Matías y en Aranjuez, Juan Antonio Redondo Fernández, también guardias civiles; en Vicálvaro, el policía municipal Juan Sánchez; en la delegación de gobierno, el policía nacional Francisco Redondo Mancer, entre otros.

Todos ellos, los fallecidos y los que siguen luchando, son nuestros nuevos héroes de este 2 de mayo.

Este 2020, nuestros Daoíz y Velarde se llaman Antonio Zapatero y Javier Marco, artífices de IFEMA, reconvertido en hospital en pocos días con ayuda de las Fuerzas Armadas, hospital que es símbolo de un Madrid punta de lanza en el combate contra la enfermedad, un Madrid que despertó a España, con sus 82.000 profesionales sanitarios a la cabeza con el equipo de Salud Pública. Como la directora de Atención Primaria al frente del equipo del IFEMA, Marta SánchezCelaya, y el doctor Jesús Vázquez, y Verónica Real, la directora de Enfermería, y tantas doctoras y doctores que vienen a tomar el puesto de heroínas como Clara del Rey.
Y, en mitad de esta guerra contra el virus, el tiempo y la incertidumbre, Chloe, la niña de año y medio operada en el hospital Gregorio Marañón, de un trasplante de corazón llevado a cabo por su Área del Corazón Infantil en colaboración con otros tres hospitales, es símbolo de la calidad técnica, organizativa y, sobre todo, humana de nuestros sanitarios.

El sistema hospitalario, ahora volcado en combatir la epidemia, ha seguido funcionando. No hemos dejado atrás a nadie, ni a nuestros mayores, a quienes les debemos todo, ni a nuestros niños, que ahora llevan con admirable entereza el encierro obligado, y a quienes tanto queremos.

Hay historias sencillas y magníficas, que nos recuerdan que cuando nos jugamos la supervivencia, más que de triunfadores es tiempo de héroes. ¿Y qué es un héroe? El que sabe que, si acude, seguramente perderá la vida o la salud, pero, aún así, va.

Una de esas historias es la de José María, el taxista de Alcorcón que llevaba a los enfermos al Ramón y Cajal sin cobrarles nada, y al que un día los sanitarios del centro de salud recibieron con un homenaje y le entregaron en un sobre dinero que ellos mismos habían donado en una colecta.

¿Qué, si no heroísmo, define a esos sanitarios que además de jornadas agotadoras, embutidos en equipos de protección mientras se jugaban la vida, aún tenían tiempo y afán de acercarles una pantalla a los enfermos para que pudieran conectarse con sus familias?

¿Y los grupos de voluntarios y vecinos que no han dejado a nadie solo?: haciéndoles la compra, dando conversación aunque fuera al teléfono, o de balcón a balcón, felicitando a los vecinos más ancianos.

O las patrullas de policía que han normalizado el gesto de ir a visitar a niños que tenían más problemas para llevar su encierro, llevarles regalos, cantarles, o hacer sonar las sirenas.

Las muchas empresas que han colaborado, donando o preparando alimentos, cediendo hoteles; o los artistas que han cedido los derechos de sus obras.

Historias como la del matrimonio de farmacéuticos de Leganés, Tomás y María del Carmen, novios desde la facultad, que no quisieron abandonar la farmacia que habían fundado para atender a sus vecinos y clientes; se contagiaron y murieron con una diferencia de tres días.

Historias de responsables políticos que han cobrado nueva dimensión en los pueblos pequeños, como el caso del alcalde de Garganta de los Montes, Juan Carlos Carretero, que dio su número de teléfono en un bando y sus vecinos ancianos lo llaman para encargarle la compra y las medicinas. O Eduardo Burgos, alcalde de Torrelaguna, que les hace la compra, desinfecta las viviendas y hace material de protección para ellos.

La ministra Margarita Robles ha sido una nueva Manuela Malasaña, y le agradecemos la fabulosa operación Balmis y cómo nuestros militares y la Guardia Real nunca dejaron solos a nuestros seres queridos que descansaban en la morgue del Palacio de Hielo de Madrid, de la pista de hielo de Majadahonda o de la Ciudad de la Justicia donde los velaron en nombre de sus familiares y amigos, con el debido cariño y respeto.

Hay quien no comparte comparar esta lucha contra el virus con una guerra, pero en cierto modo, lo es. No solo se le parece por la épica de las batallas, por los muertos, por las armas que tenemos y las que aún nos faltan, la angustia por sobrevivir y la crisis económica que nos amenaza, sino también por dos razones más que quiero subrayar:

En esta, como en toda guerra, nadie puede creerse que no le concierne. Cuando hay un invasor, cada uno se ve llamado a cumplir sus deberes para con el bien común y de cada uno depende que salgamos adelante. Nadie puede fingir que esto no pasa. Nada es más patriótico y solidario que la lucha común.

Como escribió Galdós en su relato del ‘2 de Mayo’ de 1808, “todos fueron actores”: quedarse en casa, cuidar de los vecinos, sacar adelante pequeños negocios y a las familias…, todo suma.

Y es una guerra, una nueva invasión, porque como en toda guerra, debemos nuestras vidas a muchos héroes cuyos nombres nunca se sabrán. A estos nuevos héroes queremos rendir homenaje este 2 de Mayo, en nombre del pueblo de Madrid, y decir que ellos son nuestra salvación y nuestra esperanza para luchar por el futuro.

Héroes de Madrid y de España: miembros del SUMMA 112, del SAMUR, de la Policía Municipal de Madrid, de las policías locales de otros municipios, de la Policía Nacional, de la Guardia Civil, de la Guardia Real, del Ejército y la UME, de Protección Civil, de los sanitarios de los hospitales de Madrid, de enfermería, de Atención Primaria, del IFEMA, de los Bomberos de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid, del personal de Seguridad de la Puerta del Sol, de la Cruz Roja, de los vigilantes de Metro de Madrid, de los operarios del Canal de Isabel II, de los agentes forestales, personal de las residencias, del personal de limpieza de los ayuntamientos, los hospitales y centros de salud, de los gestores del 112, voluntarios de Protección Civil, taxistas, transportistas, agricultores y ganaderos, farmacéuticos, empleados de supermercados, administradores de fincas, cocineros, sacerdotes y monjas, medios de Comunicación y funcionarios de la Comunidad de Madrid.

… Todos aquellos que han actuado pensando solo en salvaguardar el bien común, y no sus propias vidas.

Con lo que tenían, “movidos por la inspiración de cada uno”, nos dice Galdós que lucharon los madrileños contra el invasor. Algunas veces, durante esta batalla contra el virus, os ha faltado con qué protegeros y habéis salido a luchar con lo que teníais: os digo que no volverá a pasar; con imaginación e iniciativa hemos hecho frente a lo peor, colaborando juntos, sin colores, ideologías, ni prejuicios.

Porque si el 2 de mayo de 1808 aquel pueblo estuvo solo, este no lo está: su Rey, sus fuerzas y cuerpos de seguridad, su ejército y su sistema sanitario, las empresas grandes y pequeñas, los artistas… todos juntos estamos en esta lucha por la vida y la libertad; una lucha que, como entonces, ganaremos.

Terminamos este homenaje de la Comunidad de Madrid a los héroes del 2 de mayo de 1808 y a los héroes del 2 de mayo de 2020.

Con orgullo, dolor y esperanza, os digo: Hemos resistido; gracias y salgamos adelante.

¡Viva Madrid! ¡Viva España!

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