Enrique Mercado: «las pijadas de Mecano o las boutades de Alaska son solo la punta del iceberg de una movida mucho más real y profunda»

Así se refiere el cantante de Meiga y otras formaciones de los 80 en su "Diario de un rockero suburbial", a la cara B de una "movida madrileña" protagonizada por quienes vivían "en la periferia"

Mª José Salvador

En pocas novelas se ha descrito un concierto de rock, con tanto donaire y vigor narrativo, como encontramos entre las páginas de este “Diario de un rockero suburbial”, surgido de la pluma de Enrique Mercado, uno de los protagonistas de aquella “movida madrileña” alternativa, alejada del glamour de los medios y mucho más real, que la publicitada.

Al sumergiros en su lectura, descubriréis las canciones de Enrique y su banda, como si estuvieran sonando ante vosotros, haciendo innecesario oír las originales, puesto que las que recrean los lectores, las superan con creces.

Si queréis revivir la auténtica “libertad” que lo empapaba todo en los años 80, la alegría de vivir, en algunos casos excesivamente deprisa, el descubrimiento del amor y el sexo, y una de las mayores explosiones de creatividad del S.XX, no debéis perderos una gran novela, que lo contiene todo: “Diario de un rockero Suburbial”, editado por La Tentación de mi Niña.

Y tenemos la suerte de contar con la presencia de su autor, Enrique Mercado.

  • ¿De dónde surge este “Diario de un rockero suburbial”?

RESPUESTA: De un reencuentro digital con varios miembros de mi grupo de rock Vértigo al comienzo de la pandemia. Después de 33 años sin saber los unos de los otros, de repente sentimos la necesidad de recoger en un documental las vivencias y las canciones  que nos llevaron a ser teloneros de Asfalto y Los Suaves a mediados de los años ochenta. El documental se fue aplazando por la imposibilidad de rodar con la pandemia y, ante la falta de apoyo y patrocinio, decidí coger el toro por los cuernos y dar cuenta de aquellos años yo mismo a través de lo que sé hacer: escribir.

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    Portada de ‘Diario de un rockero suburbial’

    Tod@s l@s personajes de la historia, son reales.

R: En mi afán de defensor a ultranza de la literatura como documento de época, he intentado ser lo más fiel posible a mis recuerdos, pero tal vez los recuerdos me hayan puesto los cuernos y no sean del todo exactos. Lo que he intentado, en cualquier caso, es ser lo más honesto posible conmigo mismo y con todos los personajes que protagonizaron aquella historia increíble: unos chavales de barrio con apenas dieciocho años que en cuestión de poco tiempo y por sus propios méritos empiezan a codearse con los grandes del rock nacional.

  • Recuerdas aquellos años con cariño, o con indiferencia.

R: Con mucho cariño, sobre todo porque coinciden con los años de mi primera juventud, donde todo estaba por descubrir, y precisamente es eso lo que he intentado plasmar en la novela: el carpe diem, el aquí te pillo, aquí te mato, el encontronazo con el amor, el sexo… He dejado fuera los prejuicios, alentado por la libertad que se disfrutaba en aquellos años en este país. Ahora todo está mucho más encorsetado.

  • Seguro que se han quedado fuera de la novela, muchas anécdotas o situaciones. ¿Qué añadirías? Si fuera posible

R: El pasado es un saco sin fondo. A veces, tiras de un pañuelo y sale un tren de mercancías, pero no te has dado cuenta que de haber cogido una manivela, hubieras alzado el telón de una obra de teatro en la que fuiste el protagonista. Cuando el libro ya estaba en imprenta, me acordé de que la primera vez que vi, y oí tocar, una guitarra eléctrica en mi vida fue en la terraza de la casa de mis primas, en la UVA de Hortaleza, en el año 81. Esas terrazas eran colectivas y había varios vecinos que las compartían, entre ellos la familia de Rober, el guitarrista de un grupo que luego sería uno de los más queridos del rock madrileño: Porretas. Rober me metió el gusanillo de coger una guitarra eléctrica y montar mi propio grupo, lo que haría cinco años después.

  • Tal vez en una nueva edición…

R: O en una segunda parte. Creo que esta novela es el principio de una serie de relatos e historias de aquellos años salvajes. Los que vivíamos en la periferia de Madrid, éramos la cara B de la movida, pero todavía tenemos mucha literatura y música que sacar a la luz. Ten en cuenta que en el llamado cinturón rojo de Madrid había casi un millón de personas, una buena parte de ellas jóvenes de la llamada generación del baby boom. Creo que las pijadas de Mecano o las boutades de Alaska son solo la punta del iceberg de una movida mucho más real y profunda que debe salir a la superficie para entender en toda su dimensión la libertad creativa que vivimos en los años 80.

  • ¿Qué tenéis los rockeros, qué tanto atrae a las “niñas pijas”?

R: En la novela lo cuento. La verdad es que no me comía un rosco con las heavies que frecuentaban discotecas de culto como Barrabás o la Canciller. Siempre acababa con alguna pija. Supongo que les atraía el lado salvaje del rockero, no sujeto a normas ni ataduras familiares ni a los dictados de ninguna clase acomodada.

  • Para aquellos amigos que no vivieran los 80, qué atractivo tienen las páginas de tu diario.

R: Un documento de época, como te decía, un relato desde la trinchera de una guerra que, aunque no sea la suya, les va a resultar muy familiar. A fin de cuentas, es la iniciación de un joven a los misterios de la vida, el amor y el conocimiento. Eso se da en cualquier lugar y en cualquier tiempo, si bien con el aliciente de que no hay tapujos a la hora de contar ciertas experiencias.

  • Echas de menos algo de aquellos momentos.

R: Echo de menos, como te decía, la libertad de la que gozábamos entonces y la ilusión y las ganas de comerte el mundo que te daba el rock.

  • Esta no es tu primera publicación, pero ¿dirías qué es una de las más personales?

R: Sin duda. Durante casi treinta años, he intentado escribir sobre esta etapa de mi vida, pero la tenía tan mitificada que era incapaz de ofrecer una visión más objetiva y generacional. De alguna manera, el oficio que he adquirido después de casi cuatro décadas de escritura, me ha ayudado a separarme del hielo hirviente del pasado y bucear sin miedo por sus aguas procelosas, hasta capturar la esencia de aquellos años irrepetibles.

  • Veo que has publicado con una editorial, casi recién nacida. ¿Qué has encontrado en ella, diferente a otras más conocidas?

R: Ha sido todo un descubrimiento y una suerte encontrarme con Mónica y María José, las editoras de La Tentación de mi niña. María José nos había entrevistado a varios miembros del grupo en su programa de radio ¿Qué tal si charlamos?, y fue tal la empatía con ella y, después con Mónica, que en seguida les propuse que me publicaran la novela. «Yo con estas tías tan libres y tan auténticas me voy al fin del mundo», me dije. Y así ha sido.

  • ¿Cómo pueden nuestros lectores, hacerse con tu “Diario de un rockero suburbial?

R: Muy fácil. Entrando en la página Web de la tentación de mi niña y pidiendo el libro. Aquí tenéis el enlace: http://www.xn--latentaciondeminia-30b.com/

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Portada y contraportada del libro de Enrique Mercado

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