Ha llegado… ¡La hora del cambio!

Los vecinos del pequeño pueblo siciliano de Pietrammare viven acostumbrados al caos que conlleva “saltarse la ley”… y están… ¡hartos! Las carreteras tienen socavones, el tráfico es insufrible, la basura se acumula en las aceras y no hay día que un vecino no pise un excremento de perro. Tampoco les falta un gran puerto… sin barcos, y una fábrica propia… altamente contaminante.

Pero… ¡ha llegado la hora del cambio! En las elecciones, un nuevo alcalde ha salido victorioso y viene con la firme intención de cumplir todo su programa electoral. Ahora bien, ¿está el pueblo preparado para que su alcalde cumpla TODAS sus promesas?

Cuando la realidad supera a la ficción cada película que han estrenado Ficarra y Picone en Italia se ha convertido en éxito. La hora del cambio, su quinto film como directores, ha sido la comedia más taquillera de la temporada recaudando 11 millones de euros, superando en su estreno incluso a la temida La, La Land.  Con La hora del cambio han decidido dar un giro sustancial a la temática a la que tienen acostumbrado a su público poniendo el objetivo en la política, concretamente en lo que ahora identificamos con ella: la corrupción… con más atino, en quien la permite.

“La honestidad -comenta Picone- es una idea hermosa, pero puede convertirse en un problema, y el político que la defiende en ‘el malo’”. Aunque bromean afirmando que este es “un film de ciencia ficción”, los cineastas han fotografiado la realidad para conformar el guion: “tenemos, por ejemplo –dice Ficarra-, al alcalde de Licata, que vive bajo protección policial por su lucha contra la construcción ilegal”. Ficarra y Picone no querían plasmar hechos concretos, pero, aseguran, “ha sido difícil porque la realidad superó a nuestra ficción en todo momento durante el rodaje».

“Bebemos de la realidad que siempre hemos conocido -añaden-,  y no de la realidad de la burbuja de la elegante periferia de Milán o el centro de Roma. Tenemos amigos que han perdido su trabajo y que tienen dificultades para  vivir. Pero… sin embargo nuestra generación puede permitirse el lujo de vivir en Sicilia y coger un avión. De hecho nuestra casa está a menos de una hora de avión de toda Italia. Un privilegio que nos diferencia de otras generaciones”.

“La idea de la película -cuentan los cómicos-, surgió de una cosa muy simple: cuando entras a un bar siempre vas a encontrar a un tipo leyendo  el periódico que  lamenta: ‘¡los políticos son todos unos ladrones!’. Y siempre hay otro que responde: ‘sí, vale, pero los que lo hemos elegido también tenemos algo de responsabilidad’. De esta situación hicimos una película”.

“Pero cada cosa hay que contarla a su debido tiempo: llevábamos dos años queriendo contar esta historia, pero no habíamos dado con su justa dimensión. Para nosotros lo más importante era progresar en el tipo de películas que hacemos y estar en sintonía con el público y la época en la que vivimos. Desde la primera película que dirigimos estábamos interesados en hacer un cine capaz de contar historias que atraigan la atención del público, dando la vuelta a los tópicos sicilianos e italianos. La sátira tiene que ser capaz de cumplir esta función… el problema es que hoy en día el público pide a los cómicos que digan siempre la verdad, y esto se lo deben pedir a los políticos, no a los cómicos. Nosotros tendríamos que tener la libertad de inventar y ficcionar”.

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