Elecciones en la UAM: Las estudiantes contra las leyes de Castells

Cartel de la convocatoria promovida por Contracorriente Madrid

Este miércoles 17 de noviembre “los y las estudiantes de la UAM” (Universidad Autónoma de Madrid) pueden elegir a sus representantes estudiantiles de Junta de Facultad y Claustro. Este año las elecciones están marcadas por la reforma universitaria de Castells y un grupo de estudiantes han decidido organizarse y manifestarse en contra de los planes del Ministro. La candidatura “Contracorriente e Independientes: No a las Leyes de Castells” se presenta en Filosofía y Letras, Ciencias, y Derecho y Ciencias Políticas para ser la voz del estudiantado en estos órganos.

Se trata de una lista estudiantil impulsada por la agrupación juvenil Contracorriente junto a estudiantes independientes que quieren expresar una crítica al modelo de universidad neoliberal y antidemocrática en el que ahora se pretende profundizar con la prevista aprobación de las nuevas leyes impulsadas por el Ministro de Universidades. No es la primera vez que esta agrupación interviene en las elecciones de la universidad: “Entendemos la participación en los órganos universitarios (en los que venimos participando desde hace cuatro años con la lista “Revoluciona tu universidad”, con la que hemos denunciado la falta de democracia de la universidad y su dependencia de las grandes empresas) como un medio para dar voz a los y las estudiantes”. Y explican que no piden el voto para “hacer carrera política”, porque crean que “participando en estos órganos vamos a cambiarlo todo” o “para gestionar la universidad neoliberal al servicio de los designios del Santander y El Corte Inglés”. Piden el voto y el apoyo que va más allá de las elecciones para “seguir siendo un altavoz de las voces críticas que quieren una universidad pública, gratuita, universal y al servicio de la clase trabajadora”.

Las críticas de los estudiantes al modelo de universidad actual que la reforma profundiza se centran en la falta de democracia y en la creciente presencia de las empresas. Por una parte, el voto en las elecciones a decanos y rectores es ponderado por estamentos, de manera que el voto de un estudiante vale 34 veces menos que el de un catedrático, algo que, denuncia, “es la manera de asegurar que nada cambia y que la voz de los y las estudiantes no se escucha ni se tiene en cuenta”.

Además, los representantes estudiantiles que ahora se van a votar no podrán tomar decisiones importantes sobre el funcionamiento de la universidad, ya que, en realidad, estas se toman desde el Rectorado y el Consejo Social. En cuanto a este último organismo, el Consejo Social, establecido como máximo órgano de decisión de la universidad, está compuesto mayoritariamente por representantes de los principales sindicatos, de empresas y entidades como el banco Santander y de partidos políticos. Tan sólo un estudiante (de una comunidad estudiantil que en la UAM supera las 30.000 personas) tiene derecho a estar en ese Consejo y su presencia tampoco se vota democráticamente.

Pero para los estudiantes, como decíamos, estas elecciones no son como las demás: “Estamos en medio de un enorme ataque a la universidad pública”. La denuncia que realizan de la LOSU (Ley Orgánica del Sistema Universitario) es contundente: “A pesar del retroceso que ha tenido que hacer el ministro con respecto a su propuesta inicial, que era aún peor, esta ley pretende convertir las universidades en escaparates para las grandes empresas, a la par que pone aún más en entredicho la democracia dentro de la universidad”. Por su parte, la LCU (Ley de Convivencia Universitaria), afirman, “abre la puerta a la persecución y castigo de todas las actividades que interrumpan el ‘normal funcionamiento de la universidad’ e intenta convertirla en un lugar al que sólo vayamos a clase, haciendo desaparecer el poco espacio de reflexión política y crítica que queda en ella”.

Además, denuncian que la reforma no contempla una bajada de las tasas: “La propuesta del Ministerio, que ofrece una horquilla de precios, mantiene unas tasas elevadísimas y el gobierno de Ayuso apuesta por mantenerlas al máximo posible, de hecho son las más altas del Estado. Entre unos y otros se están asegurando de que los hijos e hijas de la clase trabajadora sigamos siendo expulsados de la universidad. Ante eso nosotras nos proponemos luchar por una universidad totalmente gratuita. ¿Qué de dónde saldría el dinero? Fácil, de impuestos a las grandes fortunas que no hacen más que acumular beneficios incluso durante la pandemia”.

Las leyes han encontrado algunas resistencias desde el comienzo, tanto desde el sector de catedráticos y rectores, que veían amenazados algunos de sus privilegios; como por estudiantes que protagonizaron movilizaciones como las del pasado 27 de octubre en el campus de Somosaguas de la Universidad Complutense de Madrid.

Los componentes de la lista “Contracorriente e Independientes: No a las Leyes de Castells” defienden que esta oposición y lucha no debe darse solamente, ni principalmente, en los órganos de representación estudiantil, “por eso, apostamos por construir un gran movimiento universitario como el que hizo frente a otras reformas como el Plan Bolonia o el 3+2. Solo con un movimiento estudiantil autoorganizado tenemos posibilidades de frenar este ataque”. Por eso, además de llamar al voto y a la organización del estudiantado en la UAM, hacen un llamamiento especial al resto de agrupaciones “para sumarnos al ejemplo de Somosaguas e impulsar grandes asambleas para discutir un plan de lucha que pueda hacer frente a las políticas de este gobierno y de todos los que quieren convertir la universidad en un lugar al servicio del interés privado”.

Por lo pronto han organizando una asamblea en la UAM para el mismo día de las elecciones, siguiendo la estela de las asambleas impulsadas en otras universidades madrileñas, y llaman a participar en las movilizaciones convocadas, como la del día 18 de noviembre.

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