Juliana Echeverri, autora de «Los grises sobre el lienzo»: «La novela es un mosaico de las situaciones a las que me enfrento día a día».

Juliana Echeverri

Por Eva Fraile

Al igual que su protagonista, Violeta Aubad, la escritora medellinense Juliana Echeverri se confiesa fascinada con el más célebre cuadro de Pablo Picasso. Asegura que en el lienzo se condensan todo el dolor y la crueldad de la guerra, y que en él se pueden visualizar nuestro pasado, presente y futuro. Con el Guernica de fondo, su primera novela, Los grises sobre el lienzo, trata asimismo el tema de la salud mental.

1Al igual que el cuadro al que homenajea, el Guernica de Pablo Picasso, Los grises sobre el lienzo también es un tapiz de personajes que cuentan una historia, siendo esta distinta según el punto de vista desde el que la observemos. ¿Estás de acuerdo?

Completamente. De hecho, la primera versión del manuscrito es la historia narrada por Violeta en primera persona y eso, obviamente, iba en detrimento de este concepto. El narrador omnisciente me permitió explorar los demás personajes en profundidad. Como novelista he entendido que cada personaje es como un iceberg del que la historia solo le muestra a la audiencia la puntita que asoma, pero no por eso el autor debe desconocer todo lo que esconde.

Tengo tanta información de cada uno de los personajes que cada uno te podría contar una versión real completamente diferente (oxímoron) de una misma historia. Esto ha hecho que yo sienta curiosidad por seguir ampliando la saga, no necesariamente en términos de tiempo, sino de perspectivas.

¿Ha habido algún personaje en particular que te haya resultado más difícil de escribir?

Lalo, el padre de Violeta, la protagonista. Siempre quise darle a Lalo las virtudes de alguien a quien yo admirara profundamente. Sin embargo, mi editor y varios de mis lectores beta lo juzgaron de forma negativa. Como el respeto por Lalo era algo que yo no estaba dispuesta a negociar, me tocó hacer muchos viajes a su pasado y a su infancia que, aunque no se detallan en la novela, los tuve que resolver para darle credibilidad y coherencia a su papel. Finalmente, Lalo no resultó ser el preferido de muchos, pero su rol deuteragonista termina facilitando la evolución de Violeta en algo maravilloso. Y eso es algo que, al fin y al cabo, todos los padres queremos.

Me llama la atención la portada de tu libro, ¿qué buscabas transmitir con ella?

La portada inicial no hacía tanta alusión al Guernica, porque cuando la diseñamos, yo no había terminado la novela y no sabía muy bien de qué iba a tratar. Puede sonar raro, pero yo entendí de qué trataba mi novela más o menos a eso de la tercera reescritura. Entonces, cuando ya el manuscrito estaba depurado, el artista, quien además había hecho la corrección de estilo, me hizo la propuesta. En ella destacan dos elementos que para mí son muy importantes: el toro herido, que en la novela simboliza la vulnerabilidad y el coraje, y la luz en forma de ojo, a la que le he dado muchos simbolismos (algunos también descritos en la novela). Hay también otro ojo, lo que define el cubismo como diferentes ángulos o miradas.

Los bloques grandes, que además se repiten en la partición de capítulos, son unas fichas de dominó. Así describe Violeta, la protagonista, cómo funciona su memoria: un recuerdo la lleva a otro y ese a otro y ese a otro… Y así defino yo la escritura: una pregunta me lleva a otra y esa a otra y esa a otra…

Afortunadamente, cada vez se presta más atención en general, y en la literatura en particular, al tema de la salud mental. ¿Qué aportación crees que puede conseguir en este caso Los grises sobre el lienzo?

Creo que mi principal aporte es iniciar la conversación. Hacerlo a través de la ficción y de personajes inventados, pero que perfectamente pudieran ser reales, facilita mucho más este proceso. Son tan cotidianas y tan naturales, sin embargo, tan ocultas, todas las situaciones, que quienes me conocen me preguntan quién es quién y cuándo sucedió esto o aquello. Saber a mis lectores identificados y decididos a seguir elaborando sobre mi narrativa es la mejor manera de saber que lo estoy haciendo bien.

Se podría decir que era inevitable que, como columnista, urbanista y como docente que trabaja con jóvenes, hablases en tu libro de temas sociales, ¿cierto?

Creo que es al revés. Creo que mi sensibilidad hacia los temas sociales es lo que me ha convertido en columnista, urbanista y docente. La novela fue simplemente un mosaico confeccionado con las situaciones a las que me enfrento día a día.

¿Qué tiene el Guernica que su verdad es extrapolable tanto a la España de la Guerra Civil como a la Colombia de finales del siglo pasado?

El Guernica representa eso que «hicimos» no solo en la Guerra Civil Española, ni en las operaciones Orión y Mariscal en Medellín. Representa las guerras actuales en el Medio Oriente y en la franja de Gaza. Representa cada escuela norteamericana tras una balacera, cada comunidad tomada por la guerrilla, o por los ejércitos.

El Guernica representa la historia, el pasado, el presente y el futuro.

Representa el dolor. «No hay un rojo más intenso que los grises del Guernica». Pero también la certeza de que vamos a estar bien. «No hay un verde más intenso que la esperanza en el Guernica».

¿Qué proyectos tienes para el futuro?

Escribir, escribir y escribir más. Y cuando no tenga qué escribir, leer, observar y preguntar hasta que pueda volver a escribir.

¿Te gustaría escribir dentro de otro/s género/s literario/s?

Sí. Definitivamente. Pero no por amor al género, sino porque quién sabe cómo pueda clasificar lo que escriba.

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